Mal acabara quien pretenda
adentrarse en el futuro,
ignorando lo que sucedió en el pasado,
porque entonces no vivirá el presente.
( Proverbio Oriental )
Resumen
Las víctimas de un accidente
de tráfico pueden mostrar varias reacciones psicológicas
en un accidente de tráfico; algunas de ellas
representan dificultades importantes para manejarlas
en la misma situación (suicidio, ansiedad…) si
no se está suficientemente entrenado.
Una mala actuación ante esas
conductas puede ser peligrosa para víctimas,
familiares, intervinientes y otras personas presentes.
El propósito de este artículo
es explicar algunas de esas reacciones ante un accidente
de tráfico y cómo afrontar esas variadas
y, a veces, inesperadas situaciones.
La aplicación de estrategias
psicológicas básicas en cada caso, sirve
para prevenir futuras secuelas psicológicas
Palabras Clave:
Accidente de tráfico, Primeros
Auxilios Psicológicos (P.A.P.s), Suicidio, Ansiedad
Psychological Handling
of Anxious and Suicidal Behaviour with Damaged People
by a Traffic Crash.
Abstract.
Several psychological reactions can
be showed in a traffic crash by the victims; some of
them present serious difficulties to manage in the same
situation (suicide, anxiety…) if the person has not
enough training.
A bad performance before these behaviours
can be dangerous for victims, relatives, emergency workers,
and other people in this place.
The purpose of this article is to
explain some of these reactions face of a traffic crash
and how to deal with these various and, sometimes, unexpected
situations.
Basic psychological strategies can
be applied in every case to prevent psychological damages
in the future.
Keywords:
Traffic crash, Psychological First
Aids, Suicide, Anxiety
Introducción
El tráfico es un hecho social,
tanto como las actitudes de los conductores. En ocasiones,
ir en un vehículo provoca en algunas personas
una sensación multiplicadora del poder que puede
dar lugar a actitudes agresivas. A veces también
se producen emociones y reacciones menos frecuentes
y que pueden generar cierta perplejidad en las personas
que están presentas en el lugar del accidente.
Por lo tanto, las víctimas
pueden ser personas involucradas directamente en el
accidente (conductores, acompañantes, peatones…),
pero también testigos del mismo o incluso personas
que han ayudado en el momento del AT (Accidente de Tráfico).
Si el afectado por AT ha sido por descuido o negligencia
de otra persona, necesita más tiempo para recuperarse
de las dificultades psicosociales, que si él
ha sido responsable del AT (Blanchard y Hickling, 2004);
por lo que el manejo psicológico de la conducta
también será diferente en cada caso.
Concretando, podemos decir que las
personas afectadas por una situación de emergencias
son seres humanos que han sido y posiblemente continúen
estando sometidas a una situación de estrés
por causa de un evento inesperado que deteriora su capacidad
de adaptación (Arango, Cardona y Alviar, 2003).
Cada persona reacciona de manera diferente
en función de las circunstancias presentes en
ese momento, y de sus propias circunstancias personales
previas al accidente y de otros factores. Para una revisión
exhaustiva de las reacciones que pueden aparecer en
el plano afectivo, cognitivo, comportamental… consultar
otras fuentes (Acinas, 2006a). La actuación,
tanto sanitaria como psicológica, debe tener
en cuenta todo lo anterior para que la persona atendida
evolucione favorablemente.
Por otro lado, cada vez hay más
profesionales, y también voluntarios, formados
en atención psicológica en emergencias
que actúan y ayudan a las personas afectadas.
Pero en muchas ocasiones las manifestaciones psicológicas
son extrañas, poco frecuentes, difíciles
de concretar y con un nivel de intensidad que no puede
ser manejado por un interviniente (médico, enfermera,
socorrista, bombero, policía…) sólo con
los conocimientos de Primeros Auxilios Psicológicos.
Es necesario que un psicólogo, especialista en
intervención en crisis y emergencias facilite
la canalización de emociones y pensamientos de
manera apropiada tanto en las víctimas con lesiones
físicas, como psicológicas, y en los familiares
o testigos de éstas. Todavía no hay muchos
profesionales preparados y que puedan desplazarse a
realizar este tipo de intervenciones, tan necesarias
en muchos casos, como mecanismo de prevención
de agravamiento de lesiones. En los próximos
años se puede producir un desarrollo de esta
área de la psicología.
La atención inicial, de tipo
psicológico, que debe brindarse en un AT es lo
que ha dado en llamarse Primeros Auxilios Psicológicos
(PAPs), por analogía con lo que sucede en el
plano físico o médico.
Los primeros auxilios son la atención
que una tercera persona va a prodigar en una urgencia
a un herido. Por extensión, los Primeros Auxilios
Psicológicos, son los actos o actitudes que se
van a prodigar a una víctima con una lesión
psicológica (López, Urkía y Rodrigo,
2003).
Los primeros auxilios psicológicos
hacen referencia a los actos que se realizan en una
persona víctima de una herida psíquica,
con el objetivo de ayudarla a sobrevivir, a sobreponerse
a un proceso traumático, de manera que la probabilidad
de efectos nocivos psicológicos se minimice y
la probabilidad de crecimiento de recursos psicológicos
propios se maximice (Rivas et al., 2002).
Tabla 1: Componentes de los P.A.P.
(Slaikeu, 1999)
| APOYO
+ ESCUCHA + ORIENTACIÓN |
1-
Realizar el contacto psicológico.
2- Examinar las dimensiones del problema.
3- Analizar posibles soluciones.
4- Ayudar a ejecutar la acción concreta.
5- Seguimiento. |
La atención debe adaptarse
a cada circunstancia: Hay que considerar lo que supone
para la persona sufrir un AT; por ejemplo, para un conductor
profesional la retirada del permiso de conducir implica
privarle de su medio de vida (Acinas, 2006 b)
Vamos a centrarnos en el manejo psicológico
de algunas situaciones, que por sus características
entrañan cierta dificultad, en su detección
y en su intervención certera, en los primeros
momentos. La ansiedad aparece en prácticamente
todas las situaciones de Accidente de Tráfico,
pero en algunas circunstancias los niveles de ansiedad
son muy elevados y pueden incrementarse más debido
a las características de la situación.
El intento de suicidio es una conducta que puede aparecer
asociada a un AT; en algunos casos puede llegar a ser
indistinguible de cualquier otro accidente, pero la
observación de ciertos indicios puede facilitar
la identificación y la intervención centrada
en el desencadenante.
Reacciones de Pánico / Ansiedad
Exagerada.
La ansiedad es uno de los trastornos
más frecuentes entre la población general
y una de las reacciones más frecuentes en situaciones
de crisis. Las primeras intervenciones terapéuticas
son importantes porque, si son adecuadas, pueden interrumpir
el círculo vicioso psicofisiológico antes
de que afecte más a la persona.
En situaciones de emergencia, la ansiedad
puede producirse de dos maneras fundamentales: por un
lado la crisis es el conjunto de reacciones de ansiedad
–angustia que tiene la persona (a veces desencadenada
inesperadamente) y por otro lado, la situación
de crisis ha sido tan impactante que ha provocado las
reacciones de ansiedad.
En situaciones en que alguien se encuentra
herido (necesitado de primeros auxilios) o en peligro
(debiendo ser salvado o rescatado) resulta frecuente
encontrar al individuo emocionalmente alterado. (…)
Puede estar asustada por verse sangrando, por verse
una pierna fracturada, por sentir que no se puede mover…
(Parada, 1999; 2005, pág 47).
Tradicionalmente, la ansiedad generada
en el entorno del tráfico se ha abordado evaluando
respuestas fisiológicas de los conductores frente
a los incidentes de tráfico (Montoro, 1995).
Pero presenciar un AT, sufrirlo en primera persona (siendo
consciente de lo que ha ocurrido), ver cómo alguna
persona querida presenta heridas graves consecuencia
de un AT, puede desencadenar reacciones de ansiedad
importantes y ataques de pánico. Muchas personas
valoran la situación vivida con la sensación
de muerte inminente (Parada, 1998).
La amenaza de grandes catástrofes,
reales o potenciales consecuencia del accidente, es
también una fuente de ansiedad (Navío,
Leira, Quintero, 2003). Sobre todo si el AT es muy grave
y la persona ve un elevado número de afectados
o cree que su propia conducta influyó en lo ocurrido.
Otras fuentes importantes de ansiedad (Valero, 2002)
son ver familiares o amigos cercanos con muertes grotescas
o serias amputaciones traumáticas.
Como postulan algunos autores (Valero,
2002) los niveles de tensión y ansiedad, como
los que dan en un AT, afectan a los mecanismos de defensa
del organismo y causan problemas orgánicos posteriores.
Por ello debe incidirse en la disminución o canalización
de la ansiedad mantenida. Sentir miedo es un fenómeno
frecuente (San Juan, 2001) en situaciones de catástrofes
o de amenazas, pero no es una condición suficiente
para que aparezcan conductas de pánico.
Además la persona que ha sufrido
una crisis de ansiedad permanece excesivamente atenta
hacia sus sensaciones corporales. Las reacciones de
ansiedad en situación de emergencia son inevitables
y, en cierta medida, positivas para el sujeto (siempre
que no sean prolongadas y le alteren personalmente)
porque le ayudan a afrontar lo vivido.
Pero en una situación de crisis,
la intensidad de las manifestaciones ansiosas es tal,
que pueden llegar a contagiarse aunque no se pronuncie
una sola palabra. Cuando se trata de familiares o acompañantes
de la persona accidentada, es imprescindible responder
a las necesidades de información de la persona
respecto a lo ocurrido. La actuación va a depender
de las fases por las que pase el familiar y las necesidades
que presente en ese momento.
Por este motivo, la primera toma de
contacto es fundamental: debemos especificar quienes
somos, en nombre de quién trabajamos y qué
pueden esperar de nosotros. Esto nos permitirá
convertirnos en personas de confianza para ellos y que
recurran a nosotros en el caso de que necesiten algo.
Es importante dar información e instrucciones
de forma sencilla y calmada (a mayor nivel de descontrol
de la persona, mayor firmeza y sencillez).
Tabla 2: Manejo de Reacciones de Ansiedad
en Accidentes de Tráfico.
• Descartar
causa orgánica (Vega y Jiménez, 2003)
o uso de sustancias (medicamentos o drogas) subyacente.
• Preguntar por antecedentes psicológicos
(si le había ocurrido antes, en qué
circunstancias y cómo lo afrontó)
o psicopatología concomitante (Muñoz,
1998)
• Procurar la tranquilización de la persona,
haciéndole ver que se trata de una reacción
transitoria a la situación vivida (Robles
y Medina, 2002). A medida que se calme se le pueden
dar pequeñas tareas, de ayuda a otras personas
que pueden serenarlo más (Valero, 2002) y
hacerle sentir útil.
• Mostrar tranquilidad y control de la situación
(Muñoz, 1998). En un estudio (Nevado y cols.,
1998), más de la mitad de los encuestados
(53’50%) manifestó la importancia de que
en el AT hubiera una persona especializada para
entablar un trato más humano.
• Apartar de estímulos ansiógenos/
lugares con estimulación sensorial intensa,
personas desfiguradas (Mayou, 1999).
• Normalizar reacciones. Explicar cuáles
son las manifestaciones de la ansiedad (Muñoz,
1998). Las personas en crisis necesitan tener la
certeza de que lo que están experimentando
es lo correcto según el momento en el que
están y no algo que hay que hacer desaparecer
rápidamente (Rubin y Bloch, 2001).
• Evitar hiperventilación. Si ésta
ha comenzado, animar a respirar dentro de una bolsa
(es mejor una bolsa de papel que de plástico).
• Intentar respiración diafragmática
o alguna técnica sencilla de relajación.
para controlar la excesiva activación fisiológica
(Parada, 1998) y para enlentecer el patrón
respiratorio, con el fin de recuperar el equilibrio
entre oxígeno y dióxido de carbono
(Robles y Medina, 2002). Modelar la técnica
empleada; si el sujeto lo ve en otro entiende más
fácilmente cómo debe realizar la técnica.
• Procurar que se siente y permanezca sentado. Disminuye
la hiperactivación del sistema nervioso y
permite una postura adecuada para emprender técnicas
de respiración y relajación. No se
recomienda tumbar a la persona (Ramos, 2005).
• Facilitar el desahogo emocional, sin tiempo predeterminado.
No dejar solo aunque esté aparentemente calmado
(Valero, 2002).
• Valorar la conveniencia de usar contacto físico,
según las necesidades de la persona (ligero
toque en antebrazo, caricia, abrazo…). Suele incrementar
la sensación de seguridad. Se puede combinar
(Valero, 2002) con un acercamiento firme y agradable.
• Si se realiza contacto físico debe ser
apropiado y siempre tolerado (Acinas, 2006b) en
estas circunstancias. De esta manera (Nevado y cols.,
1998) se demuestra que el apoyo psicológico
es un factor reductor de la ansiedad y de las consecuencias
negativas para la salud psicológica del sujeto.
• Dar agua /bebidas azucaradas (Nunca bebidas alcohólicas),
una taza de una infusión o de caldo (Rotger,
1999). Regulan la respiración y disminuyen
la sensación de boca seca.
• Explorar sus miedos y pensamientos respecto a
la muerte, si las circunstancias lo permiten y la
persona está receptiva a ello. Muchas veces
aparece miedo a la muerte, que es muy difícil
de modificar y que genera una intensa ansiedad,
(Blanchard y Hickling, 2004).
• No emplear razonamientos con la persona ansiosa
(Valero, 2002), porque está a un nivel emocional
y no cognitivo. Cuando es posible potenciar la inteligencia
emocional (Rivas y Cols, 2002).
• Puede ser útil emplear “distractores del
susto”, con mensajes coherentes: preguntar ¿cómo
te llamas?, ¿viajabas sólo?…Y cuando
ya esté completamente a salvo, tranquilizar
haciendo ver lo innecesario de seguir asustado,
evitando que saque conclusiones generales del AT
(Parada, 1998).
• Valorar administración de ansiolítico
vía Intravenosa o Intramuscular (Muñoz,
1998; Rivas y Cols, 2002) por personal facultativo.
Considerarlo si las manifestaciones se prolongan
más de 20 minutos, son muy intensas o en
previsión de empeoramiento del cuadro. |
Hay reacciones que están asociadas
a manifestaciones ansiosas pero requieren un tratamiento
diferente a la ansiedad en general. Estas situaciones
específicas son por ejemplo la fobia a la sangre,
inyecciones y daño. Podemos establecer diferencias
en la actuación psicológica en cada componente
de la fobia; se pueden presentar juntos, pero en ocasiones
se muestran de manera independiente.
Las pautas diferenciales que deben
seguirle ante la fobia a la sangre son (Borda, 2001):
* Evitar la visión del estímulo ansiógeno.
Pedirle que mire hacia otro lugar, que nos enseñe
fotos, documentación… o cualquier otra tarea
que actúe como distractora de la atención
y se centre en aspectos que no le produzcan ansiedad.
* Tratar de aplicar debidamente técnicas de tensión
muscular o expresión de ira.
* No intentar relajar a la persona porque precipitará
el desmayo.
Cuando el dolor es muy intenso se
pueden aplicar estrategias como las que se describen
a continuación:
• Realizar alguna técnica de distracción
del dolor o dirección de la atención hacia
otros estímulos.
• Usar el sentido del humor, siempre de manera cuidadosa.
• Buscar una posición en que le duela menos,
o que le alivie el malestar físico.
• Valorar la administración de un analgésico
por parte de personal facultativo.
En algunas personas, asociado a reacciones
de ansiedad, puede aparecer una actitud hostil y suspicaz
(Alexander, 1999), en personas que se dejan llevar por
la ira, la indignación (Parada, 1998). Puede
aparecer frecuentemente ira dirigida hacia otros conductores,
las compañías de seguros, abogados, médicos
forenses… (Blanchard y Hickling, 2004). Puede que se
deba, incluso, a recuerdos de AATT que ha vivido en
primera persona o en personas cercanas.
Por otro lado, la falta de expresión
de emociones negativas no es necesariamente desadaptativa.
La postergación de emociones negativas, la distracción
y focalización en actividades positivas es positivo
(San Juan, 2001).
Las estrategias más útiles
cuando una persona muestra emociones negativas (ira,
hostilidad, negativismo, etc.) son las siguientes:
• No dejarse llevar, en la situación,
por las manifestaciones de ira y hostilidad (Parada,
1998), de las personas implicadas.
• No discutir, si está muy agitado/irritado (Parada,
1998; 1999; 2005), porque la persona estaría
en un plano (emocional) distinto al plano desde el que
le hablemos (plano racional), tal como indica Parada
(1998).
• Hacerle ver que se respeta su opinión. No enfadarse
ni chantajear.
• Explicar por qué se recomienda la atención
sanitaria y/o psicológica o por qué (Parada,
1998) se le pide que se aparte o haga algo, en el lugar
del accidente.
• Permitirle que niegue lo ocurrido (no implica estar
de acuerdo con él). No tomárselo a lo
personal.
• No obligar a hacer nada si no hay urgencia vital.
• Mostrarse disponible (Madrid, 2005) si desea hablar
posteriormente.
No hay que olvidar que las reacciones
negativas también pueden aparecer en los intervinientes.
En una investigación (Nevado y cols, 1998), un
40% de los encuestados valoraron aspectos negativos
en la intervención, tales como: despreocupación,
antipatía, bronca…
Para cerrar el apartado dedicado
a las manifestaciones derivadas de la ansiedad, comentar
también que en algunas ocasiones la ansiedad
puede aparecer asociada a hiperactividad motora. En
estas ocasiones se pueden llevar a cabo otras estrategias
adicionales:
• Invitarle a sentarse y sentarse con él/ella
a hablar.
• Tratar de eliminar el movimiento excesivo y sin objetivo,
dándole una tarea sencilla y/o monótona
(sujetar un suero o unas ramas que molestan mientras
otros intervinientes trabajan, traer algo de material,
recoger algo del suelo....).
• Separar a las víctimas extremadamente perturbadas
(Rivas y cols, 2002) del resto de las personas.
• Contener (Rivas y cols, 2002) posibles conductas auto
y heteroagresivas.
Conductas Suicidas e Intentos Autolíticos:
El suicidio es una posibilidad real
tras cualquier crisis o trauma. La intensidad de la
pérdida, sentirse abrumado, el dolor insoportable…
pueden desencadenar el potencial suicida (Rubin y Bloch,
2001). Algunos autores (Rivas y cols, 2002), han hablado
de incremento de suicidio tras situaciones de desastre.
El suicidio puede ser una consecuencia tras un AT (Acinas,
2006 a), pero también puede ser la causa del
mismo cuando la personas ha ideado acabar con su vida
teniendo un grave AT.
El fenómeno del suicidio, como
tal, se extiende cada vez a mayor número de personas,
adquiriendo, en el mundo occidental, una importancia
similar, hablando de datos globales, a los fallecimientos
por accidentes de tráfico (a veces asociado a
ellos, como se relata en este artículo), cáncer
o enfermedades cardiovasculares.
Los suicidios son un problema sanitario
importante; porque representan del 0’5 al 1% de las
defunciones en el mundo occidental; además para
la población mayor de 15 años la prevalencia
de tentativas de suicidio está entre 3% y 5%.
Sin embargo muchos intentos de suicidio serios pasan
desapercibidos, porque se interpretan de manera errónea.
Las conductas asociadas a suicidio en un AT pueden ser
de dos tipos:
1- Con Implicación de terceros. Atropello (el
presunto suicida se deja atropellar al paso de un vehículo;
el conductor del coche puede sentirse culpable y quizás
requiera atención psicológica in situ),
circular en sentido contrario para impactar contra otro
vehículo y sus ocupantes, etc. La implicación
a terceros puede ser manera premeditada (por ejemplo,
cogiendo el coche de su padre para estrellarse con él
porque lo considera responsable de su desgracia) o no
premeditada (en ocasiones no es consciente de de que
pueda perjudicar a otras personas con su decisión
vital, por ejemplo cuando impacta frontalmente contra
un turismo y provoca heridas graves en sus ocupantes,
niños de corta edad que viajaban como pasajeros)
2- Sin implicación de terceros. Choque o salida
de vía (el suicida que conduce el coche decide
estrellarse contra un obstáculo junto a la carretera
-árbol, poste, roca, quitamiedos….-, o precipitarse
al vacío desde un acantilado, barranco o similar…
No implica más que a posibles testigos, pero
no intenta perjudicar a otras personas haciéndolas
culpables o responsables de lo sucedido no otras personas
tienen heridas físicas o psicológicas
por el intento de suicidio.
El suicidio por atropello indicaría
peligrosidad del método suicida (García
Resa y Braquehais, 2003). Sugiere una tentativa de suicidio
seria, con bajas posibilidades de rescate, que requiere
una evaluación y seguimiento especializado. Además
(De Miguel y Muñoz, 1998) el suicidio inminente
es una de las situaciones que pueden provocar una intervención
crítica. En la investigación del atropello,
en fallecimientos, es preciso determinar si el peatón
se metió en la trayectoria del vehículo
o viceversa, cuando el suicidio se produce corriendo
o saltando hacia el vehículo (Montoro, 1995).
Como se decía más arriba,
el suicidio puede aparecer, no como AT, sino como conducta
posterior en el mismo lugar del AT: la persona puede
percibirse como responsable o culpable del mismo o de
la muerte de alguna persona (aunque no sean sus seres
queridos) y mostrar alguna conducta suicida para reconocer
que es culpable y expiar su culpa; esta circunstancia
puede llevar a una situación emocional de riesgo
(Cano y Cols., 2004). Por ejemplo cuando el padre conduce
el coche en el que también viajaba su hija que
sufre lesiones muy graves que pueden, incluso, producir
la muerte; el progenitor podría hablar de suicidio
o considerarlo como una opción porque se sienta
culpable (Fernández Peces, 1998).
La probabilidad de consumar un suicidio
es más alta en el primer año o dos años
después del primer intento no mortal (Maris,
1992). Debemos tener presente que el mayor predictor
de la conducta futura es la conducta pasada. El riesgo
aumenta cuando la meta del primer intento no se cumplió
y aún permanece el estrés que lo provocó.
Es común que un tipo de muerte
se interprete de manera diferente a un suicidio, cuando
realmente ha sido un intento autolítico. Por
ejemplo, un suicidio por inmersión puede aparentar
un homicidio, y una muerte por precipitación,
un accidente (Arranz Estévez, 1998). En los AATT,
se puede apreciar que ha ocurrido un accidente, pero
lo complicado es determinar hasta qué punto ese
accidente ha sido deseado por la persona que conducía
o si han intervenido otras variables ajenas a la intencionalidad
del conductor que han provocado el AT.
El suicida puede enmascarar su intencionalidad
según su disponibilidad de medios; así
algunos intentos anteriores no se pueden considerar
suicidios encubiertos porque se han considerado meros
accidentes, con las dificultades asociadas a la incorporación
del caso a las estadísticas de suicidio (Ayala,
Martí, Pérez y Rodes, 2005). Es esencial
valorar los riesgos derivados de situaciones en que
la persona no puede soportar el dolor y la desorganización
y deciden acabar con sus vidas (Gozalo, 1996); de ellos
debe encargarse un especialista en conducta suicida.
Tabla 3: Pautas de Manejo Suicida en
un Accidente de Tráfico.
• En zonas de difícil
acceso (Rotger, 1999) dejar que las personas más
preparadas para ello realicen la primera intervención,
hasta que la seguridad esté garantizada.
• Priorizar las acciones directas para evitar el
suicidio. Evitar activamente la consumación
del suicidio (Rotger, 1999).
• Acercamiento progresivo a la víctima (Muñoz,
1999). Si se realiza inadecuadamente se puede dificultar
el abordaje posterior, ya de por sí complicado.
• Invitarle a bajar del coche por sí mismo/a
(si es posible); sino se puede aprovechar un momento
de distracción para sacarla del coche; esta
tarea se lleva a cabo mejor entre varias personas.
• Evitar oportunidades de consumar el intento autolítico
(quitar las llaves del coche, asegurar el vehículo
para que no comience a circular de manera inesperada,
alejar de la persona objetos peligrosos cortantes
o contundentes).
• Entrevistarle en ausencia de agravantes de la
crisis (Muñoz, 1999) (familiares, pareja,
amigos…).
• Hablar abiertamente del tema del intento de suicidio,
sin evitarlo, pero no dar sermones ni hacer juicios
de valor (Lillo y Hernández, 2004).
• Preguntar. Es una de las estrategias de prevención
más importantes (Ayala y cols., 2005).
• Escuchar sus razones, tolerar sus muestras de
dolor y sus ideas de muerte, reflexionar con la
persona estas últimas (Lillo y Hernández,
2004).
• Investigar consumo asociado de tóxicos.
Puede haber consumido una gran cantidad de psicofármacos
previo al AT, por si uno de los dos métodos
fallaba.
• Explorar las motivaciones que le han conducido
a esa situación y la búsqueda de alternativas
(Rotger, 1999). valorar las distorsiones cognitivas
presentes.
• No darle la razón ante manifestaciones
de remordimiento o culpabilidad (Parada, 1999; 2005).
Evitar seguir la corriente a la persona ante esas
manifestaciones porque estaríamos alimentando
esos sentimientos negativos que no favorecen el
apoyo psicológico.
• Invitarle a reconocer lo que ha funcionado bien
en su vida y buscar otras alternativas. (Lillo y
Hernández, 2004).
• No dejar a la persona sola, aunque el intento
autolítico parezca haberse resuelto satisfactoriamente
para el interviniente. Es recomendable (Muñoz,
1999) que en estos casos el psicólogo acompañe
al paciente en el traslado, continuando durante
el mismo el tratamiento psicológico urgente.
• Usar el sentido del humor de manera muy limitada
porque puede ser malinterpretado y romper una relación
terapéutica ya iniciada (Acinas, 2006b). |
Cuando se avisa a los familiares,
o si han presenciado la conducta suicida, pueden aparecer
sentimientos de culpa entre éstos (García
Resa y Braquehais, 2003), porque creen que podían
haberlo evitado (sobre todo cuando la víctima
había comunicado sus intenciones en alguna ocasión).
Por este motivo, familiares o amigos de la víctima
pueden ser también objeto de atención
psicológica.
Conclusiones:
1- La detección precoz
de algunas situaciones asociadas al accidente de tráfico,
como un intento de suicidio enmascarado, facilita su
manejo adecuado desde los primeros momentos y tiene
un impacto positivo en la evolución de la persona.
2- La formación de los primeros
intervinientes en aspectos básicos y generales,
de actuación psicológica en AA.TT. en
los que surjan indicios de ansiedad y/o suicidio, facilita
una asistencia eficaz e integral en estas situaciones,
favorecería la intervención posterior
especializada de otros profesionales y minimizaría
el malestar psicológico de víctimas, testigos,
familiares y allegados.
3- La actuación ante manifestaciones
claras de ansiedad por experimentación directa
o vicaria de un accidente de tráfico, es más
sencilla de llevar a cabo, que en el caso de un suicidio,
y los beneficios comienzan apreciarse a corto plazo.
4- Algunas reacciones de ansiedad,
como las asociadas a la visión de sangre o de
otras personas sufriendo requieren un abordaje diferente,
incluso opuesto al de las reacciones de ansiedad convencionales.
5- La actuación ante un intento
de suicidio asociado a un accidente de tráfico
requiere altas dosis de prudencia, así como una
observación previa minuciosa, para detectar elementos
sutiles relacionados con el intento de suicido y cerciorarse
del tipo de conducta.
6- Sería recomendable el incremento
de investigaciones, publicaciones y foros de debate
profesionales, para perfeccionar la asistencia psicológica
ante AA.TT.
7- La implantación de un protocolo
de actuación psicológica coordinado, para
AA.TT., con áreas susceptibles de intervención,
facilitaría las tareas de atención psicológica.
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