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Resumen
A las 6:35 p.m, hora local del
miércoles 15 de agosto, un terremoto de 7,9 grados
en la Escala de Richter con duración de 3,30 minutos
y epicentro a 30,2 kilómetros de profundidad, asoló
la localidad costera de Pisco, ubicada a 185 kilómetros
al sur-sureste de Lima, capital de Perú. Las provincias
más afectadas fueron Chincha e Ica. El desastre
se saldó con más de 600 víctimas
mortales, más de 2.000 heridos y miles de personas
quedaron sin hogar. SAMUR-Protección Civil respondió
a la solicitud de ayuda internacional, siendo convocados
a través de la AECI (Agencia Española de
Cooperación Internacional) y desplazando al lugar
un operativo sanitario de ayuda humanitaria compuesto
por 3 médicos, 2 psicólogos, 3 enfermeros
y 6 técnicos, los cuales pusieron en marcha el
modelo de trabajo multidisciplinar que día a día
ponen en marcha. Este artículo describe y analiza
la actuación psicológica post-catástrofe
donde el tipo de intervenciones realizadas fueron acciones
breves cuyo objetivo principal era buscar la recuperación
de la estabilidad social e individual de las personas,
facilitar el desahogo, orientación, alivio y estabilidad
emocional, así como reintegrar a las personas a
la vida social, laboral, escolar, familiar y afectivo-emocional
a través de intervenciones individuales y grupos
psicoeducativos con 196 personas.
Palabras clave.
Terremoto, desastre, crisis, emergencia.
Abstract.
Wendesday 15th of August at 6:35
p.m. local time, an earthquake, of 7.9 grades in the Richter
scale, 3.30 minutes of length and a 30.2 kilometers epicenter
deep, devastated the seaside town of Pisco, which is located
185 kilometers from Lima, the capital of Peru, to the
Southeast. The most affected provinces were Chinca and
Ica. The disaster caused more than 600 mortal victims,
more than 2.000 injured people and thousands of persons
that lost their houses. SAMUR-Protección Civil
responded to the international call, made by the Spanish
Agency for International Cooperation (AECI), sending to
the place a health team for humanitarian assistance composed
by 3 doctors, 2 psychologists, 3 nurses and 6 technicians
and this team developed a multicisciplinary teamwork model
as they do daily.
This article describes and analyzes the psychological
intervention after the disaster. The interventions were
brief with the main objectives of recovering the social
and individual stability of the people, helping them to
release their emotions and giving them orientation and
emotional support. Moreover, other aim of psychological
intervention was to reinstate the people to the social,
professional, educational, emotional and family life trough
individual and group actions with 196 persons.
Keywords.
earthquake, disaster, crisis, emergency.
INTRODUCCIÓN
Las características geológicas
de Perú hacen que el país sea propenso a
los movimientos sísmicos. En 2001 se produjo en
la zona sur un sismo de 6.9 grados en la escala de Richter,
considerado hasta ese momento como el más violento
del país y cuyos efectos se sintieron en parte
de Chile y Bolivia. En octubre de 2005 un nuevo sismo
sacudió la localidad de Carumas (Departamento de
Moquegua) y ocasionó daños severos en viviendas,
causando más de 500 damnificados.
La población peruana está acostumbrada a
sentir los temblores producidos por sismos, pero no estaban
preparados para un terremoto de la magnitud que sacudió
el sur del país el pasado 15 de agosto. Según
el Informe Oficial de fecha 20 de Julio del 2007 realizado
por el Instituto de Defensa Civil de Perú (INDECI),
la evaluación preliminar del siniestro hasta ese
momento ascendía a 503 muertos, 1.039 heridos,
35.214 casas destruidas, 4.053 casas afectadas, 2 hospitales
destruidos y 16 hospitales afectados, siendo la localidad
más seria y directamente afectada por el terremoto
Pisco, localidad a 185 kilómetros de Lima.
Debido a que la carretera que conduce
desde Lima a Pisco se encontraba muy deteriorada, con
grietas y derrumbes que impedían el paso, las autoridades
establecieron un puente aéreo para facilitar el
acceso y despliegue de la ayuda humanitaria a la ciudad
de Pisco, en cuyo aeropuerto se instaló un centro
de operaciones de emergencia.
INDECI estableció 17 refugios
en Pisco y 8 en Chincha para albergar a la población
afectada.
El Ministerio de Salud comenzó
a elaborar el lunes día 20 de Agosto, un registro
de las personas en las zonas más afectadas que
precisaban asistencia psicológica debido a las
traumáticas consecuencias del terremoto, para organizar
la atención de los equipos de ayuda que iban llegando
como respuesta al suceso.
De la revisión bibliográfica
sobre anteriores sucesos con las mismas características
se puede concluir que fueron investigaciones descriptivas
que permitieron descubrir cómo reaccionaban las
personas durante y después de los hechos y marcar
diferencias en función de parámetros como
edad y sexo.
Las personas que pasan por situaciones
de desastres son personas normales que reaccionan de una
manera esperada ante una situación inesperada.
El estudio considerado pionero en este
campo es el de E. Liderman (1944) con los sobrevivientes
y familiares de víctimas del incendio del Club
Nocturno Coconut Grove en Boston (EEUU), donde se trata
el manejo psicológico de la pérdida y pone
de manifiesto que quienes usaron como mecanismo de defensa
psicológica la negación, sufrían
una alta frecuencia de trastornos psicosomáticos,
síntomas neuróticos, depresión y
otros trastornos psiquiátricos.
Tyhurst (1951) manifiesta que después
de la fase de impacto psicológico durante el desastre
se presenta otra de compensación en la cual la
víctima supera el bloqueo inicial y valora mejor
la situación. Las reacciones se ven como un proceso
en tres fases superpuestas: periodo de impacto, periodo
de recuperación y periodo postraumático
.
Moore, Harry Estill y Friedsam (1959)
describen el impacto emocional durante la fase de “choque”
como un efecto “narcótico” que impide temporalmente
que las personas asimilen el grado en que cambia su mundo
y la posición que guardan en él .
Según un trabajo de Fritz Charles
(1961), las personas ante situaciones de desastre tienden
a sentirse seguras al estar dentro de una muchedumbre
y presentan un estado muy sugestionable. De ahí
la importancia de los estudios sobre el rumor y cómo
manejar la información para neutralizarlo y tranquilizar
a la población.
La Asociación de Psiquiatría
Americana (APA) publicó en 1970 un manual de “Primeros
Auxilios Psicológicos en casos de Catástrofes”
en el que se describen varios tipos de reacciones clásicas
y los principios básicos que se deben tener en
cuenta para ayudar a los afectados.
Concretamente en lo que respecta a terremotos,
el 26 de julio de 1963 se produjo uno en Skopje (Macedonia),
en el cual de una población de 200.000 personas,
fallecieron 1.070 y el 80% de las casas sufrieron deterioro.
El Instituto de Salud Mental de Belgrado envió
un grupo de psiquiatras que llegó al área
afectada unas 22 horas después de acaecido el sismo.
El grupo permaneció durante 5 días, los
autores calcularon que inmediatamente después del
sismo sólo el 25% de la población fue capaz
de prestar auxilio activo, casi el 75% presentó
perturbaciones psiquiátricas leves y el 10% sufrió
alteraciones mentales graves que obligaron a un tratamiento
médico especial (Valero,1997).
En 1970 el Dr. Raúl Jerí
acudió con un grupo de médicos en los días
siguientes al terremoto de Huaraz (Perú) a las
zonas más afectadas. En las conclusiones de su
trabajo de investigación “Problemas de Conducta
en los Desastres” presentado en el marco de la VII Conferencia
Mundial de Defensa Civil celebrada en Caracas (Venezuela)
describe las perturbaciones psicológicas observadas
en la zona del terremoto y la importancia de tratarlas
rápidamente, destacando la necesidad de llevar
profesionales en salud mental rápidamente al área
del desastre .
El San Fernando Valley Child (EEUU),
publicó una Guía Clínica orientada
a ayudar a los padres y los maestros en la comprensión
y ayuda en las reacciones emocionales que presentan los
niños víctimas de terremotos y otros desastres.
Esta guía nació como una necesidad para
la ayuda de la población infantil que sufrió
el impacto del terremoto de 1971 en el área metropolitana
de los Angeles (EEUU) .
En 2001, Iolanda Jaquemet pone de manifiesto
cómo los desastres también revelan problemas.
En El Salvador los medios de comunicación nunca
habían hablado tanto de violencia doméstica
como lo vienen haciendo después del terremoto que
asoló el país en enero 2001. .
En el caso que nos ocupa, el objeto
de estudio de este artículo es profundizar en la
respuesta psicosocial de emergencia iniciada tras el terremoto
de Perú de Agosto del 2007, con una doble finalidad
(descriptiva y critico-constructiva), por una parte exponer
qué encontramos, qué fue lo que se hizo
y cómo, y por otra parte, facilitar que aquellos
profesionales e instituciones a quienes pueda interesar,
hagan suyo aquello que consideren un acierto y miren hacia
el futuro planteándose qué se podría
haber hecho mejor y cómo .
ORGANIZACIÓN DE RESPUESTA PSICOSOCIAL
Siguiendo el modelo de trabajo multidisciplinar
que hasta ahora se pone en marcha día a día
en SAMUR - Protección Civil, se consideró
necesario que junto con el operativo sanitario de ayuda
humanitaria compuesto por tres médicos, tres enfermeros,
tres técnicos, un técnico de comunicaciones
y dos expertos en logística, también acudieran
al lugar del desastre un equipo formado por dos psicólogos
de emergencias.
El primer grupo compuesto por doce personas
llegó el día 19 de agosto del 2007, siendo
el lugar de destino Humay (localidad a 45 kilómetros
de Pisco, compuesta por más de 8.000 personas,
divididas en varias poblaciones y aldeas), donde se estableció
el campamento y 2 Puestos Médicos Avanzados (PMA).
Al grupo se unieron seis componentes de DYA País
Vasco y Cataluña, y un responsable de la AECI (Agencia
Española de Cooperación Internacional).
El segundo grupo, compuesto de dos psicólogos,
llegó al lugar del desastre el día 20 de
agosto de 2007, teniendo una primera parada en Lima (Perú),
donde se mantuvo una reunión de coordinación
con representantes de AECI en la cual principalmente se
expusieron las consecuencias devastadoras del terremoto
vivido en el país y las necesidades detectadas
dentro del área de Salud Mental.
Posteriormente
el equipo de respuesta psicológica fue trasladado
a Pisco (epicentro del terremoto), donde las réplicas
seguían sintiéndose con fuerza y donde el
paisaje era realmente desolador, pudiendo ver directamente
el efecto devastador del terremoto. Se realizó
una visita a la ciudad y los albergues-campamentos artificiales
creados con todos los damnificados, los cuáles
se habían organizado siguiendo grupos familiares,
llegando a estar habitado alguno de ellos por hasta 5.000
personas.
Ciudad
de Pisco tras terremoto
El día 21 de Agosto de 2007 se
inició la atención psicológica dentro
del campamento que había establecido SAMUR - Protección
Civil en Humay. Para la intervención psicológica
se emplearon dos salas que había en el Centro de
Salud de la localidad, ubicado en el mismo recinto que
los PMA y la Sala de Triage.
En primer lugar se planteó la
organización del trabajo a desarrollar, que en
el caso de la atención psicológica seguía
el siguiente flujo: los pacientes podían venir
directamente desde el punto de triage (que era realizado
por un técnico en emergencias médicas),
o bien derivados desde el PMA donde el personal sanitario
tras su valoración e intervención, consideraba
necesaria la evaluación e intervención psicológica.
En segundo lugar se estableció
la organización de turnos de trabajo de nueve horas
diarias, se fijó horario de desayuno, comida y
cena para todo el grupo de intervinientes, zona de trabajo
y descanso separadas, participación en tareas comunes
de todos los integrantes de la misión y contacto
diario con la familia.
INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL
CON DAMNIFICADOS
La intervención psicosocial puesta
en marcha por el equipo de psicólogos fue una forma
de atención psicológica basada en la intervención
en crisis o primeros auxilios psicológicos post-catástrofe,
dirigida a todas aquellas personas que se habían
visto ante una situación extraordinaria, de riesgo
y peligro de la vida, en la que se presenta una desestabilización
psicológica, emocional y de toda la estructura
de la personalidad individual, familiar y de grupos humanos
amplios.
La intervención se realizó
inmediatamente después de que ocurrió el
evento amenazante y destructivo, concretamente en la fase
de emergencia, la cuál se extiende desde 3 días
a un 1 mes, dependiendo siempre del impacto que provoque
el fenómeno. Esta fase comprende acciones de rescate
de vidas y cuerpos, suministro de alimentos y abrigo,
construcción de albergues para víctimas
y damnificados, apoyo logístico a estos albergues,
atención psicosocial, evaluación preliminar
de daños, procesamiento e información los
mismos, organización emergente y acopio de ayuda
nacional e internacional.
El tipo de intervenciones realizadas
in situ tras la catástrofe fueron acciones breves
cuyo objetivo principal era buscar la recuperación
de la estabilidad social e individual de las personas,
facilitar el desahogo, orientación, alivio y estabilidad
emocional, así como reintegrar a las personas a
la vida social, laboral, escolar, familiar y afectivo-emocional.
La labor psicológica por tanto,
perseguía que las personas re-articularan procesos
aproximativos de adaptación activa a la realidad
y de auto-control frente a las situaciones desequilibrantes,
además de apoyo preventivo a nuevas situaciones
críticas.
De este modo, el contenido de la intervención
en crisis llevada a cabo en Perú estaba orientada
a que las personas liberasen las respuestas que no fueron
exteriorizadas o que no fueron las adecuadas ante la situación
crítica vivida. Lo que se buscaba es que las víctimas
directas del terremoto lograsen desde la perspectiva actual
(en el aquí y el ahora), explicar y tomar conciencia
de la nueva realidad y que compartieran lo experimentado
con otras personas, minimizando de ese modo las consecuencias
poco saludables o desorganizativas y facilitando una mayor
probabilidad de crecimiento.
En todos los casos, los objetivos generales
que se perseguían eran:
• Restablecer el equilibrio psicológico de las
personas.
• Integrar el incidente a su estructura
de la vida.
• Aprender nuevas formas de enfrentar
los problemas.
• Prevenir la aparición de reacciones
post-traumáticas.
Así como los objetivos específicos
fueron:
- Evaluar estado psicológico
en las áreas fisiológica, cognitivo, conductual
- motora y emocional, a través de entrevista semi-estructurada.
- Evaluar necesidades básicas:
principalmente se quería conocer si éstas
estaban cubiertas. Hasta nuestra llegada, la población
con la que nos encontramos no había recibido ayuda
humanitaria y fueron en días posteriores cuando
comenzó a llegar comida, agua y mantas. Se les
había hacinado en siete albergues de aproximadamente
100 personas, compuestos por carpas en la calle en zonas
seguras donde si había réplicas, no hubiera
peligro. Sin embargo el clima de la zona (temperaturas
medias por la mañana y temperaturas muy bajas con
elevada humedad por la noche), hacía que el vivir
en la calle desencadenase la aparición numerosas
patologías físicas, principalmente en ancianos
y niños.
- Analizar antecedentes o sucesos vitales
estresantes de la persona: se consideraba fundamental
conocer el estado psicológico previo de la persona
antes de vivir el suceso traumático, por lo que
se evaluó si existía patología psiquiátrica
previa y /o sucesos traumáticos anteriores. En
este punto podemos señalar la existencia de un
porcentaje elevado de patología previa y suceso
vital estresante vivido, que posteriormente se refleja.
- Facilitar la ventilación emocional
y relato de la vivencia: centrándonos principalmente
en cómo vivió el suceso traumático,
pensamientos y emociones desencadenadas y resolución
de la situación. Las reacciones e interpretaciones
de la persona que sufre el impacto de una catástrofe
dependen en gran medida de la formación de su personalidad,
de las condiciones económicas, la cultura, los
valores, el modelado y el grado de intensidad del impacto
vivido. De esta manera las formas de sentir, actuar y
responder en los adultos, adolescentes, niños y
niñas eran distintas; así como también
entre las situaciones particulares de cada grupo familiar
y cada persona.
- Normalizar sintomatología presente:
cuando la valoración de sintomatología reflejaba
una respuesta normal ante un suceso anormal, el psicólogo
explicaba cuáles eran las reacciones emocionales
comunes tras un movimiento sísmico y la normalidad
de estas.
- Control de rumores, ideas irracionales
y miedos: el estado de alerta generado por los sismos
y los terremotos es diferente a aquellos desastres provocados
por el hombre, en principio no hay una comprensión
racional de su fuente y la población adopta una
actitud conformista respecto a la fatalidad de los hechos.
Por lo general, la interpretación lógica
que surge es: la naturaleza como fuente de los sismos
no se puede controlar. El temor ante los eventos telúricos
es poderoso y crea impotencia y desasosiego, pues cada
sismo o su réplica implican un movimiento que en
cualquier lugar y hora puede ser fatal, tanto que a veces,
no es posible librarse del mismo. La única situación
que logra reducir en parte ese temor y pánico colectivo
son los lugares abiertos y despejados, así como
el acercamiento y apoyo entre las personas. Así
mismo cabe destacar la importancia de los rumores creados
a partir de la experiencia y que intentan dar una explicación
a lo ocurrido. En este sentido nos encontramos verbalizaciones
del tipo: “la tierra se va a partir en dos”, “ha llegado
el fin del mundo”, “después del terremoto va a
venir un tsunami”. Por ello, fue imprescindible trabajar
la facilitación de expresión de estas ideas
irracionales así como su confrontación.
Esta tarea fue fundamental en el trabajo de grupos familiares,
ya que los menores eran el espejo exacto de las creencias
erróneas de sus familias.
- Proporcionar técnicas de control de activación
fisiológica: la población que acudía
al psicólogo presentaba principalmente elevada
activación psicofisiólogica, que aumentaba
con las réplicas diarias que se vivieron. Se realizó
un entrenamiento en técnicas de respiración
abdominal y se pautó la realización de estos
ejercicios en su medio, teniendo en cuenta la dificultad
de que todos ellos estaban viviendo en la calle en una
situación precaria.
- Facilitar el retomar actividades diarias
y gratificantes: los adultos habían interrumpido
su trabajo, los campos estaban destrozados y las carreteras
intransitables, los menores no podían asistir a
la escuela ya que se habían convertido en escombro.
No obstante, la intervención del psicólogo
destacaba la importancia de volver a la vida diaria, teniendo
en cuenta las dificultades que suponía empezar
de cero para la población atendida.
- Detectar patología aguda tras
terremoto, para poder derivar si se consideraba necesario
a Servicio de Salud Mental de Pisco. En este caso, se
entregaba al paciente un informe de asistencia psicológica
para que se entregara al profesional de referencia.
La intervención psicológica
realizada fue una intervención por presencia (Benyakar,
2002) distinguiendo atenciones individuales, atenciones
a grupos familiares de no más de cuatro personas
y grupos psicoeducativos. Estos últimos se realizaron
en dos poblaciones donde se había visto la necesidad
de apoyo psicológico pero existía gran dificultad
para el traslado a nuestro campamento, siendo la población
diana los menores y su figura parental de referencia.
Intervención específica
con niños
Los efectos provocados por los desastres
naturales se perciben a nivel material, social y psicológico.
Para atender el plano social, moral, emocional y espiritual
es importante promover acciones educativas, organizativas
y psicosociales de apoyo a los grupos vulnerables que
han sufrido mayormente el impacto, un ejemplo de estos
grupos son los menores.
Con este grupo, las intervenciones que
se realizaron fueron tanto individuales como grupales,
teniendo como objetivo general facilitar el proceso de
recuperación espontánea de la estabilidad
social e individual de los menores y como objetivos específicos:
1. Proporcionar espacios para que los
niños y niñas exteriorizasen las vivencias
y reacciones afectivo-emocionales provocadas por el terremoto,
como un desahogo a la acumulación interna de situaciones
desequilibrantes.
2. Proponer orientaciones y medidas
que contribuyeran a la estabilidad y autocontrol emocional
y cognitivo ante situaciones de desastres.
3. Facilitar y apoyar el proceso de
inicio de duelo.
4. Fortalecer la participación
social e individual de los menores.
En el trabajo realizado por el equipo
de psicólogos con los menores cabe destacar la
importancia de las intervenciones destinadas a (1) apoyo
del proceso adaptativo de inicio de duelo, pues en la
zona en la que nos encontrábamos, quienes iban
a enfrentarse a corto plazo con pérdidas eran los
niños, ya que muchos de ellos estaban escolarizados
en Pisco, donde hubo numerosas muertes de menores; (2)
proporcionar información preventiva que facilitase
conductas motoras y emocionales adecuadas ante las réplicas
y (3) facilitar técnicas de relajación que
se entrenaban para que las pusieran en marcha con sus
familiares directos.
En el caso de los menores son los padres,
las madres y en definitiva las personas adultas quienes
definen las formas o patrones educativos que se convierten
en fuente de tranquilidad o de intranquilidad, según
sea el caso, para niños y niñas. Muchos
casos de menores fuertemente perturbados por el seísmo
se derivaban de las reacciones incontroladas de pánico
que tuvieron los adultos próximos y de las noticias
alarmantes que se propagaban por diversas vías.
Los niños/as carecen de explicaciones sobre qué
sucede y por qué sucede. Por lo tanto, dependerá
de la sencillez de los argumentos y de las reacciones
apropiadas de las personas adultas la tranquilidad relativa
y la seguridad del niño/a.
Las reacciones psicológicas y
psicofisiológicas de los menores en términos
generales están fundamentadas en una reacción
“natural” frente al peligro, amenaza o situación
anómala que a su juicio y a juicio de los adultos
debe evadirse para no ser afectado o lastimado por tales
fenómenos. Se alteran respuestas básicas
de sus funciones vitales como el dormir, comer, hacer
sus necesidades fisiológicas, jugar, comunicar,
seguridad y protección. De ahí que sus primeras
reacciones y alteraciones se originan en los mecanismos
de funcionamiento de estos procesos vitales.
También la exposición
a otros medios de comunicación como la televisión,
la radio y la prensa, puede generar nerviosismo y miedo
en la niñez si las personas adultas no dan las
explicaciones oportunas. Los adultos deben aprovechar
el medio para orientar y tranquilizar a los niños
y niñas, sin embargo, precisamente de ese juicio
equilibrado y responsable de los progenitores es de lo
que carecían los grupos familiares con los que
nos hemos encontrado.
Todo lo anteriormente expuesto se trabajó
a través de intervenciones individuales, grupos
familiares y 5 grupos psicoeducativos, estos últimos
divididos de la siguiente manera con un total de 32 personas
atendidas: el primero se realizó con 7 niños
de edades comprendidas entre 3 y 10 años y un adulto
de referencia; los dos siguientes con un total de 15 menores
entre 6 y 12 años y los dos restantes con menores
de 6 años junto con una persona adulta de referencia.
Además, con los niños,
se emplearon técnicas específicas como el
dibujo o relato libre para facilitar el desahogo emocional
tras el suceso vivido.
INTERVENCIÓN CON INTERVINIENTES
Por otra parte mencionar que en esta
misión, entre las funciones del equipo de psicólogos,
estaba inicialmente prevista la necesidad de apoyo psicológico,
en mayor o menor grado, a los intervinientes desplazados,
debido a su calidad de víctimas ocultas potenciales,
ya que la labor que se iba a realizar implicaba una demanda
extraordinaria de tiempo, fuerte exposición a emociones
intensas, condiciones de trabajo especiales, estancia
lejos de familia y amigos con comunicaciones limitadas.
Desde un punto de vista clínico
está comprobado que circunstancias propias de un
desastre pueden dar lugar a reacciones físicas,
conductuales, emocionales y cognitivas que, de no ser
neutralizadas de forma rápida y efectiva, pueden
interferir en las habilidades del interviniente para desarrollar
su labor en esos momentos e incluso en su posterior retorno
a la actividad laboral habitual y a sus relaciones familiares
y sociales.
Entre otras de las tareas llevadas a cabo por el equipo
de psicólogos hay que citar:
- Cumplimentar informes de asistencia
psicológica de todos los pacientes atendidos, donde
se reflejaba la filiación del paciente, valoración
e intervención realizada.
- Coordinación con otras Instituciones
como fue la llevada a cabo con el Ministerio de Salud,
donde la principal tarea de coordinación fue la
exposición de las patologías encontradas
en la población atendida, y con el equipo de psicólogos
perteneciente a Médicos sin Fronteras, con los
que se estableció un canal de derivación
de aquellos sujetos que detectaban con fuertes reacciones
emocionales tras el terremoto.
RESULTADOS
Los lugares de intervención fueron
Humay y dos poblados cercanos (Santa Rosa y Payasca, donde
se realizaron 1102 intervenciones, de las cuales un 18%
(196 sujetos) recibieron atención psicológica.
Dentro de esta población, el 54% eran varones y
46% eran mujeres, distinguiendo la población adulta
(47%) y la población pediátrica (53%).
Destacar que la patología psicológica
fue la segunda más frecuente, precedida por la
patología infecciosa y seguida por la neurológica.
(Gráfica 1)

Gráfica
1. Patologías atendidas
Así mismo se observa un ritmo
creciente de trastorno psicológico según
pasaban los días frente a un ritmo decreciente
del resto de patologías. En concreto, el primer
día fueron atendidos por el psicólogo 32
pacientes y el último día 65 pacientes.
Podemos distinguir las reacciones y
patologías encontradas según los grupos
de adultos y menores:
(a) POBLACIÓN PEDIÁTRICA: dentro de las
reacciones encontradas en esta población, las que
se repitieron en mayor medida fueron:
- Trastorno sueño
- Pérdida apetito
- Apego excesivo
- Llanto
- Conductas regresivas
- Miedos específicos (a estar sólo, oscuridad,
etc.)
- Pensamiento mágico
- Pérdida de interés de actividades
Siendo las patologías más
frecuentes en la población pediátrica atendida:
Gráfica
2. Patología psiquiátrica en población
pediátrica
A través de la gráfica
podemos observar que existe una mayor proporción
de problemas de ansiedad debido directamente a la vivencia
del sismo. Aparecieron también casos de estrés
agudo, principalmente en sujetos que habían estado
durante horas debajo de los escombros hasta su rescate.
En cuanto al TEPT y duelo patológico encontrado
no fue obviamente debido a la vivencia del sismo, pero
sí el cuadro empeoró con esta vivencia.
En el apartado de otras patologías
podemos distinguir casos de enuresis, problemas atencionales
y comportamentales, así como la verbalización
por primera vez a un profesional del hecho de haber sido
víctima de agresión sexual en el pasado.
(b) POBLACIÓN ADULTA: las reacciones
más frecuentes en esta población fueron,
- Trastorno sueño
- Pérdida apetito
- Tristeza
- Hiperalerta e inquietud motora
- Preocupación
- Somatización
Las patologías más frecuentes
en la población adulta atendida fueron:

Gráfica
3. Patología psiquiátrica en población
adulta
Al igual que en la población
pedriática, podemos observar que existe una mayor
proporción de problemas de ansiedad debido directamente
a la vivencia del sismo (87%),Aparecieron también
casos de estrés agudo (5%). Aparecieron también
en menor medida: duelo patológico (3%) y depresión
(3%) presente como patología anterior al sismo
pero siendo un cuadro clínico que empeoró
tras este suceso. Dentro del apartado otros se encontraron
principalmente casos de demencia, descontrol de impulsos
y agresividad.
En cuanto a la intervención con
intervinientes del equipo desplazado al lugar del desastre,
no fue necesaria ninguna intervención específica.
CONCLUSIONES
Este tipo de desastres descritos afectan
a la sociedad tanto a nivel individual como colectivo.
El abanico de secuelas, y por tanto necesidad de recuperación,
abarca infraestructuras, economía, aspectos sociales,
físicos y psicológicos, existiendo fuerte
interrelación entre todos ellos ya que la comunidad
ha quedado desorganizada.
A nivel psicológico y tras los
resultados expuestos anteriormente, podemos afirmar que
las víctimas del terremoto presentan una ligera
desestabilización emocional, así como un
empeoramiento de cuadros psicopatológicos previos,
pudiendo llegar en algunos casos, a cuadros de estrés
postraumático o incluso desestructuración
de la personalidad.
El grado de afectación en cada
persona viene determinado, fundamentalmente, por su estado
psicológico previo. Por este motivo el grupo más
vulnerable es el de los niños, ya que no han alcanzado
todavía un desarrollo mental que les permita asimilar
y asumir lo que a través de todos sus sentidos
han percibido en tan sólo segundos. Con frecuencia
una de estas percepciones es que las figuras que normalmente
les transmiten seguridad (padres, familiares, adultos
en general), la han perdido y están también
asustados e indefensos ante lo sucedido.
Por consiguiente cobra especial importancia
la intervención temprana que se realizó
con el colectivo infantil a fin de normalizar los síntomas
y limitar una evolución patológica de los
mismos, permitiendo que el desarrollo psicológico
y emocional del niño pudiera alcanzar los niveles
deseados. En caso contrario su estructura intrapsíquica
quedará fragmentada y marcada por una visión
modificada de la realidad.
Las zonas más afectadas por el
desastre eran marginales, se caracterizaban por su pobreza
económica y escaso desarrollo intelectual. Gran
parte de las víctimas atendidas presentaban como
antecedentes alcoholismo, violencia de género (tanto
agresores como víctimas), agresiones sexuales (tanto
mujeres adultas como niñas y niños, dentro
y fuera del ámbito familiar), situaciones que ya
en sí mismas dan fe de un estado psicológico
y emocional previo deteriorado que se vio desbordado por
el terremoto.
Por tanto su necesidad real de atención
casi siempre superaba al enfoque de actuación psicológica
de urgencia centrado y limitado a las consecuencias del
terremoto, que era nuestra labor. Al facilitar la expresión
emocional de lo vivido y de los motivos de su aflicción,
nos solíamos encontrar con un relato que se remontaba
a hechos ocurridos años atrás y a situaciones
no deseadas que se repetían de forma habitual en
su vida diaria, pérdidas no elaboradas, traumas
sin resolver, etc.
También fue frecuente la solicitud
por parte de adultos, en especial mujeres, de pautas de
educación y líneas de actuación con
menores, llegando en algún caso a verbalizar su
preocupación al haber comprobado cómo en
determinados momentos perdían el control de situaciones
y descargaban con los niños su agresividad, en
gran parte generada por otros motivos.
Así, nuestra presencia generó
en una población con muy difícil acceso
a atención psicológica y una presencia evidente
de reacciones psicológicas con necesidad de intervención,
una esperanza exagerada que hay que saber manejar para
evitar su decepción al mostrarles que no es posible
resolver en nuestro limitado tiempo de permanencia allí
todo lo que durante años han ido acumulando en
su “papelera de reciclaje”.
No obstante el aprender a respirar,
a manejar sus crisis de ansiedad, tomar conciencia de
que lo que sienten no es anormal ni extraño dada
su situación, sentir que llorar y hablar de los
problemas y de lo que emocionalmente les “duele” es positivo
y no una muestra de debilidad, y recomendarles o sugerirles
que busquen, si lo estiman necesario, un apoyo psicológico
más estable y duradero en el tiempo, les da fuerza
y ánimo para continuar su camino.
En este mismo sentido cabe destacar
que su pobreza y las dificultades que, a todos los niveles,
se han visto obligados a superar hasta ese momento hacen
crecer en estas personas una fortaleza interior y una
capacidad para sobreponerse a las desgracias, fuera de
lo común.
En cuanto a la intervención con
los intervinientes, es preciso puntualizar que si no fue
necesaria una sola actuación específica
fue debido a que tanto a la organización de turnos
de trabajo, alimentación, espacios comunes y descanso,
así como a la preparación profesional de
los intervinientes seleccionados actuaron como factores
de protección ante cualquier desestabilización
emocional, cumpliéndose la premisa de que la capacidad
de afrontamiento para el estrés en situaciones
críticas de los intervinientes en este tipo de
misiones es muy elevada, por lo que el riesgo de trauma
psicológico es mínimo e inversamente proporcional
a su preparación (Pacheco, T et al., 2006).
Como conclusión final, podemos
afirmar la existencia real de una necesidad de apoyo psicológico
a las víctimas directas inmediatamente después
al suceso traumático vivido por el alto componente
preventivo que supone para las personas atendidas.
AGRADECIMIENTOS
Gracias a todos los hombres, mujeres,
niños y niñas que nos han permitido ayudarles
en un momento tan difícil. Gracias por su cariño
y sonrisas.
Gracias a todos los compañeros de SAMUR- Protección
Civil, DYA Cataluña y País Vasco (“con vosotros….al
fin del mundo”!).
GRACIAS A TODOS.
BIBLIOGRAFIA
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(1970). Manual de Primeros auxilios en Catástrofes.
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mental y desastres: Nuevos desafíos”. Revista Neurología,
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