La Revista de la Intervención en Crisis y Emergencias                                 ISSN: 1698-4099
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2008. Número 7, Volúmen 1

RESPUESTA PSICOSOCIAL DE EMERGENCIA TRAS EL TERREMOTO DE PERÚ


Pacheco Tabuenca, T.; Lasterra Sánchez, S.
SAMUR – Protección Civil. Ayuntamiento de Madrid


Resumen
A las 6:35 p.m, hora local del miércoles 15 de agosto, un terremoto de 7,9 grados en la Escala de Richter con duración de 3,30 minutos y epicentro a 30,2 kilómetros de profundidad, asoló la localidad costera de Pisco, ubicada a 185 kilómetros al sur-sureste de Lima, capital de Perú. Las provincias más afectadas fueron Chincha e Ica. El desastre se saldó con más de 600 víctimas mortales, más de 2.000 heridos y miles de personas quedaron sin hogar. SAMUR-Protección Civil respondió a la solicitud de ayuda internacional, siendo convocados a través de la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) y desplazando al lugar un operativo sanitario de ayuda humanitaria compuesto por 3 médicos, 2 psicólogos, 3 enfermeros y 6 técnicos, los cuales pusieron en marcha el modelo de trabajo multidisciplinar que día a día ponen en marcha. Este artículo describe y analiza la actuación psicológica post-catástrofe donde el tipo de intervenciones realizadas fueron acciones breves cuyo objetivo principal era buscar la recuperación de la estabilidad social e individual de las personas, facilitar el desahogo, orientación, alivio y estabilidad emocional, así como reintegrar a las personas a la vida social, laboral, escolar, familiar y afectivo-emocional a través de intervenciones individuales y grupos psicoeducativos con 196 personas.

Palabras clave. Terremoto, desastre, crisis, emergencia.

 

Abstract.
Wendesday 15th of August at 6:35 p.m. local time, an earthquake, of 7.9 grades in the Richter scale, 3.30 minutes of length and a 30.2 kilometers epicenter deep, devastated the seaside town of Pisco, which is located 185 kilometers from Lima, the capital of Peru, to the Southeast. The most affected provinces were Chinca and Ica. The disaster caused more than 600 mortal victims, more than 2.000 injured people and thousands of persons that lost their houses. SAMUR-Protección Civil responded to the international call, made by the Spanish Agency for International Cooperation (AECI), sending to the place a health team for humanitarian assistance composed by 3 doctors, 2 psychologists, 3 nurses and 6 technicians and this team developed a multicisciplinary teamwork model as they do daily.
This article describes and analyzes the psychological intervention after the disaster. The interventions were brief with the main objectives of recovering the social and individual stability of the people, helping them to release their emotions and giving them orientation and emotional support. Moreover, other aim of psychological intervention was to reinstate the people to the social, professional, educational, emotional and family life trough individual and group actions with 196 persons.

Keywords. earthquake, disaster, crisis, emergency.

INTRODUCCIÓN

Las características geológicas de Perú hacen que el país sea propenso a los movimientos sísmicos. En 2001 se produjo en la zona sur un sismo de 6.9 grados en la escala de Richter, considerado hasta ese momento como el más violento del país y cuyos efectos se sintieron en parte de Chile y Bolivia. En octubre de 2005 un nuevo sismo sacudió la localidad de Carumas (Departamento de Moquegua) y ocasionó daños severos en viviendas, causando más de 500 damnificados.

La población peruana está acostumbrada a sentir los temblores producidos por sismos, pero no estaban preparados para un terremoto de la magnitud que sacudió el sur del país el pasado 15 de agosto. Según el Informe Oficial de fecha 20 de Julio del 2007 realizado por el Instituto de Defensa Civil de Perú (INDECI), la evaluación preliminar del siniestro hasta ese momento ascendía a 503 muertos, 1.039 heridos, 35.214 casas destruidas, 4.053 casas afectadas, 2 hospitales destruidos y 16 hospitales afectados, siendo la localidad más seria y directamente afectada por el terremoto Pisco, localidad a 185 kilómetros de Lima.

Debido a que la carretera que conduce desde Lima a Pisco se encontraba muy deteriorada, con grietas y derrumbes que impedían el paso, las autoridades establecieron un puente aéreo para facilitar el acceso y despliegue de la ayuda humanitaria a la ciudad de Pisco, en cuyo aeropuerto se instaló un centro de operaciones de emergencia.

INDECI estableció 17 refugios en Pisco y 8 en Chincha para albergar a la población afectada.

El Ministerio de Salud comenzó a elaborar el lunes día 20 de Agosto, un registro de las personas en las zonas más afectadas que precisaban asistencia psicológica debido a las traumáticas consecuencias del terremoto, para organizar la atención de los equipos de ayuda que iban llegando como respuesta al suceso.

De la revisión bibliográfica sobre anteriores sucesos con las mismas características se puede concluir que fueron investigaciones descriptivas que permitieron descubrir cómo reaccionaban las personas durante y después de los hechos y marcar diferencias en función de parámetros como edad y sexo.

Las personas que pasan por situaciones de desastres son personas normales que reaccionan de una manera esperada ante una situación inesperada.

El estudio considerado pionero en este campo es el de E. Liderman (1944) con los sobrevivientes y familiares de víctimas del incendio del Club Nocturno Coconut Grove en Boston (EEUU), donde se trata el manejo psicológico de la pérdida y pone de manifiesto que quienes usaron como mecanismo de defensa psicológica la negación, sufrían una alta frecuencia de trastornos psicosomáticos, síntomas neuróticos, depresión y otros trastornos psiquiátricos.

Tyhurst (1951) manifiesta que después de la fase de impacto psicológico durante el desastre se presenta otra de compensación en la cual la víctima supera el bloqueo inicial y valora mejor la situación. Las reacciones se ven como un proceso en tres fases superpuestas: periodo de impacto, periodo de recuperación y periodo postraumático .

Moore, Harry Estill y Friedsam (1959) describen el impacto emocional durante la fase de “choque” como un efecto “narcótico” que impide temporalmente que las personas asimilen el grado en que cambia su mundo y la posición que guardan en él .

Según un trabajo de Fritz Charles (1961), las personas ante situaciones de desastre tienden a sentirse seguras al estar dentro de una muchedumbre y presentan un estado muy sugestionable. De ahí la importancia de los estudios sobre el rumor y cómo manejar la información para neutralizarlo y tranquilizar a la población.

La Asociación de Psiquiatría Americana (APA) publicó en 1970 un manual de “Primeros Auxilios Psicológicos en casos de Catástrofes” en el que se describen varios tipos de reacciones clásicas y los principios básicos que se deben tener en cuenta para ayudar a los afectados.

Concretamente en lo que respecta a terremotos, el 26 de julio de 1963 se produjo uno en Skopje (Macedonia), en el cual de una población de 200.000 personas, fallecieron 1.070 y el 80% de las casas sufrieron deterioro. El Instituto de Salud Mental de Belgrado envió un grupo de psiquiatras que llegó al área afectada unas 22 horas después de acaecido el sismo. El grupo permaneció durante 5 días, los autores calcularon que inmediatamente después del sismo sólo el 25% de la población fue capaz de prestar auxilio activo, casi el 75% presentó perturbaciones psiquiátricas leves y el 10% sufrió alteraciones mentales graves que obligaron a un tratamiento médico especial (Valero,1997).

En 1970 el Dr. Raúl Jerí acudió con un grupo de médicos en los días siguientes al terremoto de Huaraz (Perú) a las zonas más afectadas. En las conclusiones de su trabajo de investigación “Problemas de Conducta en los Desastres” presentado en el marco de la VII Conferencia Mundial de Defensa Civil celebrada en Caracas (Venezuela) describe las perturbaciones psicológicas observadas en la zona del terremoto y la importancia de tratarlas rápidamente, destacando la necesidad de llevar profesionales en salud mental rápidamente al área del desastre .

El San Fernando Valley Child (EEUU), publicó una Guía Clínica orientada a ayudar a los padres y los maestros en la comprensión y ayuda en las reacciones emocionales que presentan los niños víctimas de terremotos y otros desastres. Esta guía nació como una necesidad para la ayuda de la población infantil que sufrió el impacto del terremoto de 1971 en el área metropolitana de los Angeles (EEUU) .

En 2001, Iolanda Jaquemet pone de manifiesto cómo los desastres también revelan problemas. En El Salvador los medios de comunicación nunca habían hablado tanto de violencia doméstica como lo vienen haciendo después del terremoto que asoló el país en enero 2001. .

En el caso que nos ocupa, el objeto de estudio de este artículo es profundizar en la respuesta psicosocial de emergencia iniciada tras el terremoto de Perú de Agosto del 2007, con una doble finalidad (descriptiva y critico-constructiva), por una parte exponer qué encontramos, qué fue lo que se hizo y cómo, y por otra parte, facilitar que aquellos profesionales e instituciones a quienes pueda interesar, hagan suyo aquello que consideren un acierto y miren hacia el futuro planteándose qué se podría haber hecho mejor y cómo .

ORGANIZACIÓN DE RESPUESTA PSICOSOCIAL

Siguiendo el modelo de trabajo multidisciplinar que hasta ahora se pone en marcha día a día en SAMUR - Protección Civil, se consideró necesario que junto con el operativo sanitario de ayuda humanitaria compuesto por tres médicos, tres enfermeros, tres técnicos, un técnico de comunicaciones y dos expertos en logística, también acudieran al lugar del desastre un equipo formado por dos psicólogos de emergencias.

El primer grupo compuesto por doce personas llegó el día 19 de agosto del 2007, siendo el lugar de destino Humay (localidad a 45 kilómetros de Pisco, compuesta por más de 8.000 personas, divididas en varias poblaciones y aldeas), donde se estableció el campamento y 2 Puestos Médicos Avanzados (PMA). Al grupo se unieron seis componentes de DYA País Vasco y Cataluña, y un responsable de la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional).

El segundo grupo, compuesto de dos psicólogos, llegó al lugar del desastre el día 20 de agosto de 2007, teniendo una primera parada en Lima (Perú), donde se mantuvo una reunión de coordinación con representantes de AECI en la cual principalmente se expusieron las consecuencias devastadoras del terremoto vivido en el país y las necesidades detectadas dentro del área de Salud Mental.

Posteriormente el equipo de respuesta psicológica fue trasladado a Pisco (epicentro del terremoto), donde las réplicas seguían sintiéndose con fuerza y donde el paisaje era realmente desolador, pudiendo ver directamente el efecto devastador del terremoto. Se realizó una visita a la ciudad y los albergues-campamentos artificiales creados con todos los damnificados, los cuáles se habían organizado siguiendo grupos familiares, llegando a estar habitado alguno de ellos por hasta 5.000 personas.

Ciudad de Pisco tras terremoto

El día 21 de Agosto de 2007 se inició la atención psicológica dentro del campamento que había establecido SAMUR - Protección Civil en Humay. Para la intervención psicológica se emplearon dos salas que había en el Centro de Salud de la localidad, ubicado en el mismo recinto que los PMA y la Sala de Triage.

En primer lugar se planteó la organización del trabajo a desarrollar, que en el caso de la atención psicológica seguía el siguiente flujo: los pacientes podían venir directamente desde el punto de triage (que era realizado por un técnico en emergencias médicas), o bien derivados desde el PMA donde el personal sanitario tras su valoración e intervención, consideraba necesaria la evaluación e intervención psicológica.

En segundo lugar se estableció la organización de turnos de trabajo de nueve horas diarias, se fijó horario de desayuno, comida y cena para todo el grupo de intervinientes, zona de trabajo y descanso separadas, participación en tareas comunes de todos los integrantes de la misión y contacto diario con la familia.

 


INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL CON DAMNIFICADOS

La intervención psicosocial puesta en marcha por el equipo de psicólogos fue una forma de atención psicológica basada en la intervención en crisis o primeros auxilios psicológicos post-catástrofe, dirigida a todas aquellas personas que se habían visto ante una situación extraordinaria, de riesgo y peligro de la vida, en la que se presenta una desestabilización psicológica, emocional y de toda la estructura de la personalidad individual, familiar y de grupos humanos amplios.

La intervención se realizó inmediatamente después de que ocurrió el evento amenazante y destructivo, concretamente en la fase de emergencia, la cuál se extiende desde 3 días a un 1 mes, dependiendo siempre del impacto que provoque el fenómeno. Esta fase comprende acciones de rescate de vidas y cuerpos, suministro de alimentos y abrigo, construcción de albergues para víctimas y damnificados, apoyo logístico a estos albergues, atención psicosocial, evaluación preliminar de daños, procesamiento e información los mismos, organización emergente y acopio de ayuda nacional e internacional.

El tipo de intervenciones realizadas in situ tras la catástrofe fueron acciones breves cuyo objetivo principal era buscar la recuperación de la estabilidad social e individual de las personas, facilitar el desahogo, orientación, alivio y estabilidad emocional, así como reintegrar a las personas a la vida social, laboral, escolar, familiar y afectivo-emocional.

La labor psicológica por tanto, perseguía que las personas re-articularan procesos aproximativos de adaptación activa a la realidad y de auto-control frente a las situaciones desequilibrantes, además de apoyo preventivo a nuevas situaciones críticas.

De este modo, el contenido de la intervención en crisis llevada a cabo en Perú estaba orientada a que las personas liberasen las respuestas que no fueron exteriorizadas o que no fueron las adecuadas ante la situación crítica vivida. Lo que se buscaba es que las víctimas directas del terremoto lograsen desde la perspectiva actual (en el aquí y el ahora), explicar y tomar conciencia de la nueva realidad y que compartieran lo experimentado con otras personas, minimizando de ese modo las consecuencias poco saludables o desorganizativas y facilitando una mayor probabilidad de crecimiento.

En todos los casos, los objetivos generales que se perseguían eran:

• Restablecer el equilibrio psicológico de las personas.

• Integrar el incidente a su estructura de la vida.

• Aprender nuevas formas de enfrentar los problemas.

• Prevenir la aparición de reacciones post-traumáticas.

Así como los objetivos específicos fueron:

- Evaluar estado psicológico en las áreas fisiológica, cognitivo, conductual - motora y emocional, a través de entrevista semi-estructurada.

- Evaluar necesidades básicas: principalmente se quería conocer si éstas estaban cubiertas. Hasta nuestra llegada, la población con la que nos encontramos no había recibido ayuda humanitaria y fueron en días posteriores cuando comenzó a llegar comida, agua y mantas. Se les había hacinado en siete albergues de aproximadamente 100 personas, compuestos por carpas en la calle en zonas seguras donde si había réplicas, no hubiera peligro. Sin embargo el clima de la zona (temperaturas medias por la mañana y temperaturas muy bajas con elevada humedad por la noche), hacía que el vivir en la calle desencadenase la aparición numerosas patologías físicas, principalmente en ancianos y niños.

- Analizar antecedentes o sucesos vitales estresantes de la persona: se consideraba fundamental conocer el estado psicológico previo de la persona antes de vivir el suceso traumático, por lo que se evaluó si existía patología psiquiátrica previa y /o sucesos traumáticos anteriores. En este punto podemos señalar la existencia de un porcentaje elevado de patología previa y suceso vital estresante vivido, que posteriormente se refleja.

- Facilitar la ventilación emocional y relato de la vivencia: centrándonos principalmente en cómo vivió el suceso traumático, pensamientos y emociones desencadenadas y resolución de la situación. Las reacciones e interpretaciones de la persona que sufre el impacto de una catástrofe dependen en gran medida de la formación de su personalidad, de las condiciones económicas, la cultura, los valores, el modelado y el grado de intensidad del impacto vivido. De esta manera las formas de sentir, actuar y responder en los adultos, adolescentes, niños y niñas eran distintas; así como también entre las situaciones particulares de cada grupo familiar y cada persona.

- Normalizar sintomatología presente: cuando la valoración de sintomatología reflejaba una respuesta normal ante un suceso anormal, el psicólogo explicaba cuáles eran las reacciones emocionales comunes tras un movimiento sísmico y la normalidad de estas.

- Control de rumores, ideas irracionales y miedos: el estado de alerta generado por los sismos y los terremotos es diferente a aquellos desastres provocados por el hombre, en principio no hay una comprensión racional de su fuente y la población adopta una actitud conformista respecto a la fatalidad de los hechos. Por lo general, la interpretación lógica que surge es: la naturaleza como fuente de los sismos no se puede controlar. El temor ante los eventos telúricos es poderoso y crea impotencia y desasosiego, pues cada sismo o su réplica implican un movimiento que en cualquier lugar y hora puede ser fatal, tanto que a veces, no es posible librarse del mismo. La única situación que logra reducir en parte ese temor y pánico colectivo son los lugares abiertos y despejados, así como el acercamiento y apoyo entre las personas. Así mismo cabe destacar la importancia de los rumores creados a partir de la experiencia y que intentan dar una explicación a lo ocurrido. En este sentido nos encontramos verbalizaciones del tipo: “la tierra se va a partir en dos”, “ha llegado el fin del mundo”, “después del terremoto va a venir un tsunami”. Por ello, fue imprescindible trabajar la facilitación de expresión de estas ideas irracionales así como su confrontación. Esta tarea fue fundamental en el trabajo de grupos familiares, ya que los menores eran el espejo exacto de las creencias erróneas de sus familias.

- Proporcionar técnicas de control de activación fisiológica: la población que acudía al psicólogo presentaba principalmente elevada activación psicofisiólogica, que aumentaba con las réplicas diarias que se vivieron. Se realizó un entrenamiento en técnicas de respiración abdominal y se pautó la realización de estos ejercicios en su medio, teniendo en cuenta la dificultad de que todos ellos estaban viviendo en la calle en una situación precaria.

- Facilitar el retomar actividades diarias y gratificantes: los adultos habían interrumpido su trabajo, los campos estaban destrozados y las carreteras intransitables, los menores no podían asistir a la escuela ya que se habían convertido en escombro. No obstante, la intervención del psicólogo destacaba la importancia de volver a la vida diaria, teniendo en cuenta las dificultades que suponía empezar de cero para la población atendida.

- Detectar patología aguda tras terremoto, para poder derivar si se consideraba necesario a Servicio de Salud Mental de Pisco. En este caso, se entregaba al paciente un informe de asistencia psicológica para que se entregara al profesional de referencia.

La intervención psicológica realizada fue una intervención por presencia (Benyakar, 2002) distinguiendo atenciones individuales, atenciones a grupos familiares de no más de cuatro personas y grupos psicoeducativos. Estos últimos se realizaron en dos poblaciones donde se había visto la necesidad de apoyo psicológico pero existía gran dificultad para el traslado a nuestro campamento, siendo la población diana los menores y su figura parental de referencia.


Intervención específica con niños

Los efectos provocados por los desastres naturales se perciben a nivel material, social y psicológico. Para atender el plano social, moral, emocional y espiritual es importante promover acciones educativas, organizativas y psicosociales de apoyo a los grupos vulnerables que han sufrido mayormente el impacto, un ejemplo de estos grupos son los menores.

Con este grupo, las intervenciones que se realizaron fueron tanto individuales como grupales, teniendo como objetivo general facilitar el proceso de recuperación espontánea de la estabilidad social e individual de los menores y como objetivos específicos:

1. Proporcionar espacios para que los niños y niñas exteriorizasen las vivencias y reacciones afectivo-emocionales provocadas por el terremoto, como un desahogo a la acumulación interna de situaciones desequilibrantes.

2. Proponer orientaciones y medidas que contribuyeran a la estabilidad y autocontrol emocional y cognitivo ante situaciones de desastres.

3. Facilitar y apoyar el proceso de inicio de duelo.

4. Fortalecer la participación social e individual de los menores.

En el trabajo realizado por el equipo de psicólogos con los menores cabe destacar la importancia de las intervenciones destinadas a (1) apoyo del proceso adaptativo de inicio de duelo, pues en la zona en la que nos encontrábamos, quienes iban a enfrentarse a corto plazo con pérdidas eran los niños, ya que muchos de ellos estaban escolarizados en Pisco, donde hubo numerosas muertes de menores; (2) proporcionar información preventiva que facilitase conductas motoras y emocionales adecuadas ante las réplicas y (3) facilitar técnicas de relajación que se entrenaban para que las pusieran en marcha con sus familiares directos.

En el caso de los menores son los padres, las madres y en definitiva las personas adultas quienes definen las formas o patrones educativos que se convierten en fuente de tranquilidad o de intranquilidad, según sea el caso, para niños y niñas. Muchos casos de menores fuertemente perturbados por el seísmo se derivaban de las reacciones incontroladas de pánico que tuvieron los adultos próximos y de las noticias alarmantes que se propagaban por diversas vías.

Los niños/as carecen de explicaciones sobre qué sucede y por qué sucede. Por lo tanto, dependerá de la sencillez de los argumentos y de las reacciones apropiadas de las personas adultas la tranquilidad relativa y la seguridad del niño/a.

Las reacciones psicológicas y psicofisiológicas de los menores en términos generales están fundamentadas en una reacción “natural” frente al peligro, amenaza o situación anómala que a su juicio y a juicio de los adultos debe evadirse para no ser afectado o lastimado por tales fenómenos. Se alteran respuestas básicas de sus funciones vitales como el dormir, comer, hacer sus necesidades fisiológicas, jugar, comunicar, seguridad y protección. De ahí que sus primeras reacciones y alteraciones se originan en los mecanismos de funcionamiento de estos procesos vitales.

También la exposición a otros medios de comunicación como la televisión, la radio y la prensa, puede generar nerviosismo y miedo en la niñez si las personas adultas no dan las explicaciones oportunas. Los adultos deben aprovechar el medio para orientar y tranquilizar a los niños y niñas, sin embargo, precisamente de ese juicio equilibrado y responsable de los progenitores es de lo que carecían los grupos familiares con los que nos hemos encontrado.

Todo lo anteriormente expuesto se trabajó a través de intervenciones individuales, grupos familiares y 5 grupos psicoeducativos, estos últimos divididos de la siguiente manera con un total de 32 personas atendidas: el primero se realizó con 7 niños de edades comprendidas entre 3 y 10 años y un adulto de referencia; los dos siguientes con un total de 15 menores entre 6 y 12 años y los dos restantes con menores de 6 años junto con una persona adulta de referencia.

Además, con los niños, se emplearon técnicas específicas como el dibujo o relato libre para facilitar el desahogo emocional tras el suceso vivido.

 

INTERVENCIÓN CON INTERVINIENTES

Por otra parte mencionar que en esta misión, entre las funciones del equipo de psicólogos, estaba inicialmente prevista la necesidad de apoyo psicológico, en mayor o menor grado, a los intervinientes desplazados, debido a su calidad de víctimas ocultas potenciales, ya que la labor que se iba a realizar implicaba una demanda extraordinaria de tiempo, fuerte exposición a emociones intensas, condiciones de trabajo especiales, estancia lejos de familia y amigos con comunicaciones limitadas.

Desde un punto de vista clínico está comprobado que circunstancias propias de un desastre pueden dar lugar a reacciones físicas, conductuales, emocionales y cognitivas que, de no ser neutralizadas de forma rápida y efectiva, pueden interferir en las habilidades del interviniente para desarrollar su labor en esos momentos e incluso en su posterior retorno a la actividad laboral habitual y a sus relaciones familiares y sociales.


Entre otras de las tareas llevadas a cabo por el equipo de psicólogos hay que citar:

- Cumplimentar informes de asistencia psicológica de todos los pacientes atendidos, donde se reflejaba la filiación del paciente, valoración e intervención realizada.

- Coordinación con otras Instituciones como fue la llevada a cabo con el Ministerio de Salud, donde la principal tarea de coordinación fue la exposición de las patologías encontradas en la población atendida, y con el equipo de psicólogos perteneciente a Médicos sin Fronteras, con los que se estableció un canal de derivación de aquellos sujetos que detectaban con fuertes reacciones emocionales tras el terremoto.


RESULTADOS

Los lugares de intervención fueron Humay y dos poblados cercanos (Santa Rosa y Payasca, donde se realizaron 1102 intervenciones, de las cuales un 18% (196 sujetos) recibieron atención psicológica. Dentro de esta población, el 54% eran varones y 46% eran mujeres, distinguiendo la población adulta (47%) y la población pediátrica (53%).

Destacar que la patología psicológica fue la segunda más frecuente, precedida por la patología infecciosa y seguida por la neurológica. (Gráfica 1)


Gráfica 1. Patologías atendidas

Así mismo se observa un ritmo creciente de trastorno psicológico según pasaban los días frente a un ritmo decreciente del resto de patologías. En concreto, el primer día fueron atendidos por el psicólogo 32 pacientes y el último día 65 pacientes.

Podemos distinguir las reacciones y patologías encontradas según los grupos de adultos y menores:

(a) POBLACIÓN PEDIÁTRICA: dentro de las reacciones encontradas en esta población, las que se repitieron en mayor medida fueron:

- Trastorno sueño
- Pérdida apetito
- Apego excesivo
- Llanto
- Conductas regresivas
- Miedos específicos (a estar sólo, oscuridad, etc.)
- Pensamiento mágico
- Pérdida de interés de actividades

Siendo las patologías más frecuentes en la población pediátrica atendida:

Gráfica 2. Patología psiquiátrica en población pediátrica

A través de la gráfica podemos observar que existe una mayor proporción de problemas de ansiedad debido directamente a la vivencia del sismo. Aparecieron también casos de estrés agudo, principalmente en sujetos que habían estado durante horas debajo de los escombros hasta su rescate. En cuanto al TEPT y duelo patológico encontrado no fue obviamente debido a la vivencia del sismo, pero sí el cuadro empeoró con esta vivencia.

En el apartado de otras patologías podemos distinguir casos de enuresis, problemas atencionales y comportamentales, así como la verbalización por primera vez a un profesional del hecho de haber sido víctima de agresión sexual en el pasado.

(b) POBLACIÓN ADULTA: las reacciones más frecuentes en esta población fueron,

- Trastorno sueño
- Pérdida apetito
- Tristeza
- Hiperalerta e inquietud motora
- Preocupación
- Somatización

Las patologías más frecuentes en la población adulta atendida fueron:



Gráfica 3. Patología psiquiátrica en población adulta

Al igual que en la población pedriática, podemos observar que existe una mayor proporción de problemas de ansiedad debido directamente a la vivencia del sismo (87%),Aparecieron también casos de estrés agudo (5%). Aparecieron también en menor medida: duelo patológico (3%) y depresión (3%) presente como patología anterior al sismo pero siendo un cuadro clínico que empeoró tras este suceso. Dentro del apartado otros se encontraron principalmente casos de demencia, descontrol de impulsos y agresividad.

En cuanto a la intervención con intervinientes del equipo desplazado al lugar del desastre, no fue necesaria ninguna intervención específica.

 

CONCLUSIONES

Este tipo de desastres descritos afectan a la sociedad tanto a nivel individual como colectivo. El abanico de secuelas, y por tanto necesidad de recuperación, abarca infraestructuras, economía, aspectos sociales, físicos y psicológicos, existiendo fuerte interrelación entre todos ellos ya que la comunidad ha quedado desorganizada.

A nivel psicológico y tras los resultados expuestos anteriormente, podemos afirmar que las víctimas del terremoto presentan una ligera desestabilización emocional, así como un empeoramiento de cuadros psicopatológicos previos, pudiendo llegar en algunos casos, a cuadros de estrés postraumático o incluso desestructuración de la personalidad.

El grado de afectación en cada persona viene determinado, fundamentalmente, por su estado psicológico previo. Por este motivo el grupo más vulnerable es el de los niños, ya que no han alcanzado todavía un desarrollo mental que les permita asimilar y asumir lo que a través de todos sus sentidos han percibido en tan sólo segundos. Con frecuencia una de estas percepciones es que las figuras que normalmente les transmiten seguridad (padres, familiares, adultos en general), la han perdido y están también asustados e indefensos ante lo sucedido.

Por consiguiente cobra especial importancia la intervención temprana que se realizó con el colectivo infantil a fin de normalizar los síntomas y limitar una evolución patológica de los mismos, permitiendo que el desarrollo psicológico y emocional del niño pudiera alcanzar los niveles deseados. En caso contrario su estructura intrapsíquica quedará fragmentada y marcada por una visión modificada de la realidad.

Las zonas más afectadas por el desastre eran marginales, se caracterizaban por su pobreza económica y escaso desarrollo intelectual. Gran parte de las víctimas atendidas presentaban como antecedentes alcoholismo, violencia de género (tanto agresores como víctimas), agresiones sexuales (tanto mujeres adultas como niñas y niños, dentro y fuera del ámbito familiar), situaciones que ya en sí mismas dan fe de un estado psicológico y emocional previo deteriorado que se vio desbordado por el terremoto.

Por tanto su necesidad real de atención casi siempre superaba al enfoque de actuación psicológica de urgencia centrado y limitado a las consecuencias del terremoto, que era nuestra labor. Al facilitar la expresión emocional de lo vivido y de los motivos de su aflicción, nos solíamos encontrar con un relato que se remontaba a hechos ocurridos años atrás y a situaciones no deseadas que se repetían de forma habitual en su vida diaria, pérdidas no elaboradas, traumas sin resolver, etc.

También fue frecuente la solicitud por parte de adultos, en especial mujeres, de pautas de educación y líneas de actuación con menores, llegando en algún caso a verbalizar su preocupación al haber comprobado cómo en determinados momentos perdían el control de situaciones y descargaban con los niños su agresividad, en gran parte generada por otros motivos.

Así, nuestra presencia generó en una población con muy difícil acceso a atención psicológica y una presencia evidente de reacciones psicológicas con necesidad de intervención, una esperanza exagerada que hay que saber manejar para evitar su decepción al mostrarles que no es posible resolver en nuestro limitado tiempo de permanencia allí todo lo que durante años han ido acumulando en su “papelera de reciclaje”.

No obstante el aprender a respirar, a manejar sus crisis de ansiedad, tomar conciencia de que lo que sienten no es anormal ni extraño dada su situación, sentir que llorar y hablar de los problemas y de lo que emocionalmente les “duele” es positivo y no una muestra de debilidad, y recomendarles o sugerirles que busquen, si lo estiman necesario, un apoyo psicológico más estable y duradero en el tiempo, les da fuerza y ánimo para continuar su camino.

En este mismo sentido cabe destacar que su pobreza y las dificultades que, a todos los niveles, se han visto obligados a superar hasta ese momento hacen crecer en estas personas una fortaleza interior y una capacidad para sobreponerse a las desgracias, fuera de lo común.

En cuanto a la intervención con los intervinientes, es preciso puntualizar que si no fue necesaria una sola actuación específica fue debido a que tanto a la organización de turnos de trabajo, alimentación, espacios comunes y descanso, así como a la preparación profesional de los intervinientes seleccionados actuaron como factores de protección ante cualquier desestabilización emocional, cumpliéndose la premisa de que la capacidad de afrontamiento para el estrés en situaciones críticas de los intervinientes en este tipo de misiones es muy elevada, por lo que el riesgo de trauma psicológico es mínimo e inversamente proporcional a su preparación (Pacheco, T et al., 2006).

Como conclusión final, podemos afirmar la existencia real de una necesidad de apoyo psicológico a las víctimas directas inmediatamente después al suceso traumático vivido por el alto componente preventivo que supone para las personas atendidas.

 

AGRADECIMIENTOS
Gracias a todos los hombres, mujeres, niños y niñas que nos han permitido ayudarles en un momento tan difícil. Gracias por su cariño y sonrisas.
Gracias a todos los compañeros de SAMUR- Protección Civil, DYA Cataluña y País Vasco (“con vosotros….al fin del mundo”!).
GRACIAS A TODOS.

 


BIBLIOGRAFIA

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