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Estimados
Amigos y amigas, permítanme compartir con ustedes
las experiencias y el contacto directo con el sufrimiento
y dolor de cientos y hasta miles de personas que tuvieron
la desgracia de sufrir un evento adverso de la naturaleza
al que denominamos de una sola palabra TERREMOTO, evento
ocurrido el 15 de Agosto del 2007 a las 18.35 horas, el
cual tuvo una magnitud de 7.9 grados, localizado en las
costas de la ciudad de Pisco – Perú, destruyéndola
casi por completo, así como también ocasionando
daños considerables en las ciudades de Cañete,
Chincha e Ica. Acompañado por un gran número
de perdidas humanas, desaparecidos y damnificados.
Si observamos detenidamente como han
quedado estas ciudades desde el punto de vista netamente
material, estoy seguro, que sentiríamos rabia,
impotencia, desasosiego entre otros sentimientos encontrados
que pasan y pesan por nuestros afectos y emociones. Así
como también, ver casas y barrios enteros en escombros,
iglesias, locales comerciales, escuelas y en fin todo
aquel bien material que no pudo resistir a la fuerza de
la naturaleza.
Todas aquellas personas que han pasado
por esta situación se encontraban afectadas emocionalmente
y requerían atención psicológica
especializada que les permitiera superar sus miedos, temores,
estrés, estrés agudo o estrés postraumático;
Luego de conversar sobre lo sucedido, definimos y elaboramos
planes de intervención, aplicamos cuestionarios,
dimos terapias individuales y grupales, en fin trabajamos
en la medida y circunstancias que se nos presenta la situación,
tenemos hora de inicio pero no sabemos a que hora vamos
a terminar la jornada, a quienes vamos a atender y mucho
menos cuantos son; y van pasando las horas, trabajando
como si estuviésemos en una ciudad bombardeada,
ver tanto desconcierto en los rostros de niños
y niñas; observar tanto dolor en sus padres, en
fin la población en estado de shock. El Psicólogo
al frente de todo, demostrando coraje, aplicando todos
sus conocimientos y experiencia; no señor, no nos
está permitido que nos duela ver tanta desgracia,
queremos ser Psicólogos Súper hombres, pero
sin embargo somos seres humanos de carne y hueso que también
nos choca y perturba ver el sufrimiento de los demás.
Nosotros, los psicólogos emergencistas, tenemos
que dejar a nuestras familias, que por cierto, también
se preocupan y sin embargo ahí estamos, luchando
por mitigar el dolor frente a tanta desgracia, esforzándonos
por arrancarle un sonrisa a tanto damnificado desde niños
y niñas hasta ancianos, buscando su pronta rehabilitación.
Todas aquellas horas, días, semanas
y meses que hemos pasado, se ven inmensamente recompensados
cuando vemos aquellos rostros y muestras de agradecimiento
de los participantes de cada desmovilización o
terapia individual que se realizó. Como no alegrarnos
cuando escuchamos de su propia boca aquellos mensajes
o planes de acción a corto, mediano o largo plazo
a desarrollar, como no sentirse realizado si recuerdo
que una tarde estando en los arenales del Asentamiento
Humano Señor de Luren, lugar en el cual moran familias
desplazadas de las alturas de Ayacucho, ciudad duramente
castigada en la época del terrorismo, eran familias
enteras que tuvieron que salir solo con lo que tenían
puesto, atrás dejaron casas, chacras, animales
y todo lo que poseían para llegar al intenso calor
de Ica y su candente arenal, pero sin embargo tenían
que acostumbrarse y tiempo después una inundación
los afectó considerablemente, para que luego de
un tiempo sufrieran el fuerte movimiento telúrico
del 15 de agosto del 2007 que les destruyó todo
o casi todo, pero sin embargo, siguen luchando por sobrevivir,
por tener un mejor estilo de vida, manifestado rotundamente
por una anciana de 75 años aproximadamente, quechua
hablante, ello con ademán incluido que “mientras
tengamos cabeza para pensar, corazón para amar
y manos para trabajar, mi pueblo nunca morirá”,
lo curioso de todo era que muchos de ellos tienen por
idioma natal el quechua y mientras yo hablaba español,
entre ellos se traducían al quechua y a mi me traducían
al castellano, la traducción era simultanea; como
la ven, ni en los mejores auditorios del mundo, y todos
nos entendíamos, pues solo bastaba ver sus rostros
que por primera vez sonreían, esa era nuestra mejor
recompensa. Estoy seguro que a partir de ese momento sus
vidas tomaron otro rumbo, si señores todos estábamos
felices y créanme fue bastante difícil despedirnos.
Y por último, si creemos que
los psicólogos emergencistas somos súper
hombres, pues estamos equivocados, ya que nosotros también
sufrimos y sentimos dolor por ver y oír tanta desgracia
y sufrimiento que también nos choca y enganchamos,
y ¿saben por que? porque somos seres humanos de
carne y hueso con los mismos sentimientos, emociones y
afectos que aquellos damnificados que sufren y necesitan
todo nuestro apoyo, si no como creen que me sentí
cuando me tocó escuchar a una jovencita de 21 años
que mientras narraba lo vivido durante el terremoto se
quebró y entre balbuceos y profundo llanto seguía
narrando sus vivencias. Como no sentir dolor si aquella
muchachita tenía la misma edad, el mismo nombre
y figura que mi hija mayor, mientras la jovencita sigue
describiendo los duros momentos que le toco vivir con
su prima hermana que para remate o gran coincidencia tenía
el mismo nombre y la misma edad que mi hija menor, al
finalizar dijo que quedaron atrapadas y gracias a Dios
pudieron ser rescatadas, como creen que me sentía
en ese momento al escuchar todo aquello, pero tenía
que actuar y hacer la contención pues yo era el
que estaba más cerca y los demás colegas
estaban ocupados. Pasaron los minutos, que para mí
fueron eternos, y me di cuenta que era a mí a quien
un colega y amigo brindaba apoyo, por suerte todo terminó
bien, y se hizo un excelente cierre, dicho por la directora
del plantel que previamente fue capacitada en el apoyo
a la contención, para después asistir a
una entrevista en un canal de TV local, pero eso es otra
historia.
Para finalizar,
como psicólogo emergencista, agradezco al Señor
por haberme dado esta hermosa profesión que me
permite estar siempre donde más me necesitan.
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