La Revista de la Intervención en Crisis y Emergencias                                 ISSN: 1698-4099
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VIVENCIAS DEL TERREMOTO
César Andrade Almonacid
Psicólogo SPPED
cepade@ec-red.com


Estimados Amigos y amigas, permítanme compartir con ustedes las experiencias y el contacto directo con el sufrimiento y dolor de cientos y hasta miles de personas que tuvieron la desgracia de sufrir un evento adverso de la naturaleza al que denominamos de una sola palabra TERREMOTO, evento ocurrido el 15 de Agosto del 2007 a las 18.35 horas, el cual tuvo una magnitud de 7.9 grados, localizado en las costas de la ciudad de Pisco – Perú, destruyéndola casi por completo, así como también ocasionando daños considerables en las ciudades de Cañete, Chincha e Ica. Acompañado por un gran número de perdidas humanas, desaparecidos y damnificados.

Si observamos detenidamente como han quedado estas ciudades desde el punto de vista netamente material, estoy seguro, que sentiríamos rabia, impotencia, desasosiego entre otros sentimientos encontrados que pasan y pesan por nuestros afectos y emociones. Así como también, ver casas y barrios enteros en escombros, iglesias, locales comerciales, escuelas y en fin todo aquel bien material que no pudo resistir a la fuerza de la naturaleza.

Todas aquellas personas que han pasado por esta situación se encontraban afectadas emocionalmente y requerían atención psicológica especializada que les permitiera superar sus miedos, temores, estrés, estrés agudo o estrés postraumático; Luego de conversar sobre lo sucedido, definimos y elaboramos planes de intervención, aplicamos cuestionarios, dimos terapias individuales y grupales, en fin trabajamos en la medida y circunstancias que se nos presenta la situación, tenemos hora de inicio pero no sabemos a que hora vamos a terminar la jornada, a quienes vamos a atender y mucho menos cuantos son; y van pasando las horas, trabajando como si estuviésemos en una ciudad bombardeada, ver tanto desconcierto en los rostros de niños y niñas; observar tanto dolor en sus padres, en fin la población en estado de shock. El Psicólogo al frente de todo, demostrando coraje, aplicando todos sus conocimientos y experiencia; no señor, no nos está permitido que nos duela ver tanta desgracia, queremos ser Psicólogos Súper hombres, pero sin embargo somos seres humanos de carne y hueso que también nos choca y perturba ver el sufrimiento de los demás. Nosotros, los psicólogos emergencistas, tenemos que dejar a nuestras familias, que por cierto, también se preocupan y sin embargo ahí estamos, luchando por mitigar el dolor frente a tanta desgracia, esforzándonos por arrancarle un sonrisa a tanto damnificado desde niños y niñas hasta ancianos, buscando su pronta rehabilitación.

Todas aquellas horas, días, semanas y meses que hemos pasado, se ven inmensamente recompensados cuando vemos aquellos rostros y muestras de agradecimiento de los participantes de cada desmovilización o terapia individual que se realizó. Como no alegrarnos cuando escuchamos de su propia boca aquellos mensajes o planes de acción a corto, mediano o largo plazo a desarrollar, como no sentirse realizado si recuerdo que una tarde estando en los arenales del Asentamiento Humano Señor de Luren, lugar en el cual moran familias desplazadas de las alturas de Ayacucho, ciudad duramente castigada en la época del terrorismo, eran familias enteras que tuvieron que salir solo con lo que tenían puesto, atrás dejaron casas, chacras, animales y todo lo que poseían para llegar al intenso calor de Ica y su candente arenal, pero sin embargo tenían que acostumbrarse y tiempo después una inundación los afectó considerablemente, para que luego de un tiempo sufrieran el fuerte movimiento telúrico del 15 de agosto del 2007 que les destruyó todo o casi todo, pero sin embargo, siguen luchando por sobrevivir, por tener un mejor estilo de vida, manifestado rotundamente por una anciana de 75 años aproximadamente, quechua hablante, ello con ademán incluido que “mientras tengamos cabeza para pensar, corazón para amar y manos para trabajar, mi pueblo nunca morirá”, lo curioso de todo era que muchos de ellos tienen por idioma natal el quechua y mientras yo hablaba español, entre ellos se traducían al quechua y a mi me traducían al castellano, la traducción era simultanea; como la ven, ni en los mejores auditorios del mundo, y todos nos entendíamos, pues solo bastaba ver sus rostros que por primera vez sonreían, esa era nuestra mejor recompensa. Estoy seguro que a partir de ese momento sus vidas tomaron otro rumbo, si señores todos estábamos felices y créanme fue bastante difícil despedirnos.

Y por último, si creemos que los psicólogos emergencistas somos súper hombres, pues estamos equivocados, ya que nosotros también sufrimos y sentimos dolor por ver y oír tanta desgracia y sufrimiento que también nos choca y enganchamos, y ¿saben por que? porque somos seres humanos de carne y hueso con los mismos sentimientos, emociones y afectos que aquellos damnificados que sufren y necesitan todo nuestro apoyo, si no como creen que me sentí cuando me tocó escuchar a una jovencita de 21 años que mientras narraba lo vivido durante el terremoto se quebró y entre balbuceos y profundo llanto seguía narrando sus vivencias. Como no sentir dolor si aquella muchachita tenía la misma edad, el mismo nombre y figura que mi hija mayor, mientras la jovencita sigue describiendo los duros momentos que le toco vivir con su prima hermana que para remate o gran coincidencia tenía el mismo nombre y la misma edad que mi hija menor, al finalizar dijo que quedaron atrapadas y gracias a Dios pudieron ser rescatadas, como creen que me sentía en ese momento al escuchar todo aquello, pero tenía que actuar y hacer la contención pues yo era el que estaba más cerca y los demás colegas estaban ocupados. Pasaron los minutos, que para mí fueron eternos, y me di cuenta que era a mí a quien un colega y amigo brindaba apoyo, por suerte todo terminó bien, y se hizo un excelente cierre, dicho por la directora del plantel que previamente fue capacitada en el apoyo a la contención, para después asistir a una entrevista en un canal de TV local, pero eso es otra historia.

Para finalizar, como psicólogo emergencista, agradezco al Señor por haberme dado esta hermosa profesión que me permite estar siempre donde más me necesitan.

 

   

 
 
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