La Revista de la Intervención en Crisis y Emergencias                                 ISSN: 1698-4099
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Reflexiones Sobre La Atención Humana A Las Víctimas En Las Emergencias

David Rotger Llinàs

En estos últimos años podemos observar como la intervención de los psicólogos en las emergencias y, principalmente, en los sucesos catastróficos con una gran repercusión mediática, se ha ido consolidando. En el estado español, quizás el punto de inflexión se dio el 7 de agosto de 1996 con la tragedia que se produjo en el camping “Las Nieves” cercano a la localidad de Biescas, en Aragón. Desde ese momento la participación activa de psicólogos en emergencias se ha ido afianzando como grupo de intervención: Rotura de un depósito de agua en la ciudad de Melilla en noviembre de 1997, con el balance de 9 muertos; hundimiento en 1998 del catamarán L’Oca en el lago Banyoles, donde murieron 21 jubilados franceses; accidente, también en 1998, de un autocar en Soria donde murieron 28 personas, la mayoría niños de dos colegios de Barcelona.

Bajo mi punto de vista, la atención a las personas que sufren una tragedia es un logro más de las sociedades avanzadas, ahora bien, pienso que determinadas pretensiones por parte de algunos grupos pueden dar la impresión de que se intenta patologizar a toda víctima de un suceso traumático, que la presencia del psicólogo es imprescindible y que debe formar parte de cualquier equipo de intervención, o incluso que se intenta, por corporativismo, crear una necesidad artificial. Pretender mantenerse en cualquier ámbito y a cualquier precio puede llegar a generar un efecto contrario, cuando no un rechazo frontal. El súmmum del sinsentido es la aparición de un grupo que oferta cursos para psicólogos de emergencia donde se forma en escalada, buceo, espeleología, etc.

Algunas de las preguntas que se nos ocurren al reflexionar sobre el tema son: ¿Quiénes deben prestar los llamados “Primeros Auxilios psicológicos? ¿Hay que movilizar siempre a un psicólogo en las emergencias habituales? ¿En las grandes emergencias o en las catástrofes, hace falta la figura del psicólogo o ésta debe cubrir más aspectos? ¿Qué diferencia a una víctima de un accidente de los que se producen a diario, respecto de la de un accidente con gran repercusión mediática, como por ejemplo del vuelco de un autocar con múltiples víctimas? Intentaré responder a estas y otras preguntas.

Generar debate y controversia puede ayudar a racionalizar una situación. Observemos algunas cuestiones aceptadas a nivel internacional y que se han establecido como principios para la intervención.


Componentes principales de los primeros auxilios psicológicos

  • Confort y consuelo
  • Protección ante más amenazas y distrés
  • Cuidados físicos inmediatos
  • Reforzar conductas orientadas hacia un propósito y determinación
  • Ayuda para reunir con familiares y amigos
  • Compartir la experiencia (sin forzar a hacerlo)
  • Ofrecer redes de apoyo
  • Facilitar la sensación de control
  • Identificar aquellos que puedan necesitar más ayuda (triage)

La investigación en este campo es difícil, principalmente debido a tres aspectos1:

Los acontecimientos son impredecibles e incontrolables. No hay tiempo para diseñar estrategias sofisticadas de investigación.
El intenso y amplio impacto emocional conlleva restricciones éticas en la forma y tiempo de recogida de datos.
Los investigadores utilizan diferentes procedimientos de valoración, diferentes muestras, así como diferentes períodos de valoración

A pesar de que el valor de la atención psicológica temprana se confirma en varios estudios2 , también es cierto que se dan pocos casos de psicopatologías en los días posteriores a un desastre y es importante no psicopatologizar las reacciones normales3 :

Cognitivas
Pérdida de seguridad.
Dificultades de memoria y concentración.
Confusión y desorientación
Pensamientos intrusitos
Disociación
Dificultades para tomar decisiones
Confianza y autoestima reducidas
Hipervigilancia
Emocionales
Entumecimiento y shock
Ansiedad, miedo
Impotencia, desamparo, desesperanza
Sentimiento de culpa (culpa del superviviente)
Rabia
Físicas
Insomnio
Hiperarousal
Jaquecas
Somatizaciones
Pérdida de apetito
Pérdida de la libido
Pérdida de energía
Sociales
Retraimiento
Irritabilidad
Conflictos interpersonales
Evitación


Las posibles víctimas se pueden clasificar en cinco tipos:

  • Víctimas primarias: Aquellas ubicadas en el epicentro del desastre.
  • Víctimas secundarias: Familiares y amigos de las víctimas primarias.
  • Víctimas del tercer nivel: Personal de emergencias y rescate.
  • Víctimas del cuarto nivel: Miembros de la comunidad que ofrece ayuda.
  • Víctimas del quinto nivel: Personas que se ven implicadas indirectamente.

Nótese que, las personas que acuden a ayudar a otras personas, están reconocidas como víctimas de tercer nivel y aquí entra nuestro colectivo de psicólogos de emergencias. No hay ningún mérito en salir malparado por acudir a prestar ayuda; se han dado casos de psicólogos seriamente afectados por presentarse voluntariamente en una emergencia. Si se carecen de estrategias de afrontamiento, formación, alguna experiencia, y se da un cierta vulnerabilidad, se puede crear una situación donde además de no ayudar, el voluntario se convierte en un problema añadido en el escenario de la emergencia. Por el contrario, hay mucho mérito en conocer las propias limitaciones y renunciar a participar en una emergencia si uno se sabe poco preparado para interminables horas asistiendo a víctimas (fatiga por compasión) y quizás con visiones horribles como cuerpos mutilados.
Los motivos personales para querer asistir a una catástrofe son tan numerosos como las personas que desean participar y pueden ir desde los más altruistas (donde todos nos querremos ubicar) hasta los más inconfesables como querer aparecer como un héroe o incluso engrosar el currículum.


Reacciones humanas en una catástrofe

Tyhurst4 ya en 1951 describió tres fases: la de impacto, retroceso y recuperación.

Fase de impacto
La mayoría de las personas permanecen chocadas, golpeadas por el horror de la situación o aturdidas sin capacidad para reaccionar. En esta fase las personas sufren un mayor riesgo al ser incapaces de protegerse ellas mismas. Algunas pocas retienen la capacidad para pensar racionalmente.

En esta fase, los psicólogos tienen poco que hacer. Las prioridades son el rescate y la seguridad y las mejores opciones para ofrecerlas están en manos del propio personal de intervención, es decir, son éstos quienes deben ofrecer los primeros auxilios psicológicos al mismo tiempo que trabajan en el rescate o en la emergencia que sea y, para ello, deben estar formados y entrenados. Si los bomberos, policías y sanitarios saben proceder con las víctimas mostrando seguridad y ofreciendo seguridad, se está haciendo todo lo posible en esta materia.


Fase de retroceso
En esta fase los supervivientes empiezan a hacerse un esquema de lo que ha ocurrido y buscan reunirse con familiares y amigos. La ruptura de los vínculos con la familia puede ser muy dañino, particularmente para los niños.

Es importante trabajar cuanto antes para recuperar la organización social perdida. La forma en que serán tratadas las víctimas puede influir en su ajuste psicológico a largo plazo. En este sentido los Centros de Coordinación Operativa (CECOP) o similares, son los que tienen el rol más importante en trabajar para mitigar el caos, y los psicólogos deben cubrir un espacio en esa organización con el establecimiento de protocolos para recibir y atender a las personas de la mejor forma posible.


Fase de recuperación
Para muchas personas este período se caracterizará por la alternancia de fases de ajuste y de recaída. En un primer momento vivirá lo que se puede entender, como una ola de compasión, buena voluntad y cuidados que, sin embargo, no se pueden sostener por largo tiempo y pueden seguirse de un periodo de caída donde la desilusión se hará patente entre los supervivientes con lo que perciben como barreras burocráticas y legales.

La figura del “asesor” para guiar a las personas y familias en el tortuoso camino de recuperar la normalidad, podría cubrir un hueco importante en la sociedad.

 

La psicología en las emergencias

¿Es necesario ser psicólogo para atender a las víctimas? Hay un acuerdo generalizado entre los expertos en el sentido de que la atención humana, o los “primeros auxilios psicológicos”, no son una forma de terapia. Haciendo un símil con los primeros auxilios sanitarios, éstos habitualmente no son prestados por un médico y como principio general, se trata de que el herido no empeore y se le mantenga en las mejores condiciones posibles hasta que pueda ser atendido por personal facultativo. En este mismo sentido, los primeros auxilios psicológicos deben ser proporcionados por el personal de intervención: bomberos, policías, sanitarios, voluntarios de Protección Civil o Cruz Roja, etc.

¿Hay diferencias entre las víctimas? Para una persona que ha sufrido un accidente de tráfico y para su familia, la gravedad puede ser incluso peor que para las víctimas y familiares de un gran accidente, como por ejemplo un accidente aéreo, con gran repercusión mediática y conmoción social. En cierta medida estas últimas se sentirán arropadas por autoridades y el resto de la sociedad durante un tiempo, pero para la primera y para su familia la percepción de tragedia aunque sea similar, se puede ver agravada por un sentimiento de soledad; la vida sigue igual para todo el mundo menos para ellos.

En una emergencia de cualquier magnitud ¿hace falta un psicólogo o hace falta algo más? El perfil del psicólogo de emergencias (no cualquier psicólogo) puede ajustarse muy bien para cubrir gran parte de las urgencias que se generarán, pero si estamos de acuerdo en que no se proporciona terapia y en que se plantean otras necesidades como: asesoramiento en trámites burocráticos; asesoramiento legal; organización de espacios para atender a familiares; cubrir necesidades básicas (alojamiento, alimentos, comunicaciones, etc.); ayudar en la organización de la emergencia (por ejemplo, periodos de descanso para intervinientes y su ubicación); entonces parece que la atención psicológica sólo es un elemento más de unas funciones con más contenido.

Con la sensación que se está generando sobre la necesidad imprescindible de que se proporcione atención psicológica a las víctimas, unido a la repercusión mediática que está teniendo, ¿se están creando falsas expectativas? Cuando se ven en las televisiones que cubren una catástrofe o una emergencia de gran repercusión social, a hileras de psicólogos con un chaleco con la inscripción “psicólogo” ¿se está haciendo lo correcto? Cuando familiares de víctimas rechazan que les atienda un psicólogo ¿rechazarían de igual forma la ayuda de un “asesor para las víctimas” o, una vez desaparecido del término el aspecto patológico que siempre lo acompaña, accedería a dejarse ayudar?

Una estructura lógica del tipo de emergencia es la siguiente:

  • Emergencias habituales. Es decir, aquellas que se producen a diario como: accidentes de tráfico, incendios no catastróficos y rescates en general.
  • Emergencias de envergadura. Como por ejemplo un accidente aéreo localizado (por ejemplo en el mismo aeropuerto al despegar) o el vuelco de un autobús con múltiples víctimas. No se puede clasificar como catástrofe, en el sentido de que los servicios de intervención y rescate no se ven colapsados y la respuesta a la emergencia se puede cubrir sin necesidad de ayudas externas.
  • Catástrofes. Por ejemplo el 11 M o emergencias que colapsan los servicios públicos y se necesita ayuda externa urgente.


En cierta manera, e independientemente de la magnitud de la emergencia, las tres fases se dan en todas. Por ejemplo: en un accidente de tráfico con una víctima atrapada, la fase de impacto se puede entender como el tiempo durante el cual se está procediendo al rescate y estabilización de la víctima. En esta fase el único contacto que mantendrá ésta será con bomberos y personal sanitario. Lo mismo se puede decir de una catástrofe producida, por ejemplo, por un movimiento sísmico: las víctimas atrapadas bajo los escombros únicamente mantendrán contacto con personal de rescate.

 

Una hipótesis sobre la atención adecuada en cada fase:

  • Fase de impacto. El mismo personal de intervención es quien proporcionará la atención humana o los primeros auxilios psicológicos durante las tareas de rescate.
  • Fase de retroceso. Además del personal de intervención, personal especializado debe responsabilizarse de proporcionar pautas para organizar correctamente la atención a las víctimas (primarias) y la recepción de familiares (víctimas secundarias) que acudan al lugar. Asimismo debe vigilar y proporcionar ayuda a los propios intervinientes (víctimas de tercer nivel): períodos de descanso y lugar apropiado, síntomas de agotamiento emocional, etc.
  • Fase de recuperación. Los servicios sanitarios y sociales pueden proporcionar asesoramiento e información sobre posibles consecuencias del trauma experimentado, estrategias para afrontarlo y otro tipo de asesoramiento como: legal, burocrático, redes de apoyo, etc.

 

Una vez hechas estas reflexiones, quizás debería generarse un debate serio sobre los siguientes puntos:

  • Denominación. En mi opinión se debería evitar el término “psicólogo” durante las intervenciones, eliminando el aspecto patológico de la presentación (mayoritariamente así reconocido en la sociedad).
  • Formación. Profundizar sobre el itinerario formativo del “psicólogo de emergencias”. Por otra parte profundizar sobre la formación en “primeros auxilios psicológicos” del personal de intervención: su formación básica y su entrenamiento.
  • Coordinación. Trabajar estrechamente con las organizaciones de emergencias y autoridades en la elaboración de protocolos de intervención donde se contemple la atención psicológica a las víctimas y como se organizará el escenario de la emergencia.
  • Tipo de intervención. Para ello es necesario tener muy claro qué se quiere ofrecer: primeros auxilios psicológicos, asesoramiento a víctimas; quién lo proporcionará: ¿psicólogos y psiquiatras acreditados?; con qué alcance, es decir hasta cuándo: si durante la hospitalización o más allá con un seguimiento.
  • Investigación. Si no hay un seguimiento de las víctimas difícilmente se pueden conseguir estadísticas fiables sobre la incidencia y evolución de posibles trastornos psicológicos como consecuencia de una catástrofe o cualquier emergencia.
  • ¿Profesionales o voluntarios? Quizás dependerá del ámbito en el que se desarrolle la actividad, o el ámbito en el que se deba cubrir una necesidad. Está claro que personal de intervención hay, tanto voluntario como profesional. En todo caso deben acceder a la formación pertinente. En los niveles superiores de organización donde se elaboran planes de emergencia, protocolos de intervención, simulacros, planes de formación, etc. quizás sea pertinente profesionalizar la figura del asesor para las víctimas.

Bibliografia

1 Alexander, D.A. (1996) Trauma research: a new era. Journal of Psychosomatic Research, 41, 1-5

2 Rapael, B. (1986) Whwn Disaster Strikes. How Individuals and Comunities cope with Catastrophe. New York: Basic Books Everly, G.S. (1999) Emergency mental health: an overview. International Journal of Emergency Mental Health, 1, 3-7

3 David A. Alexander (2005) Advances in Psychiatric Treatment. British Journal of Psyachiatry,

4 Tyhurst, J.S. (1951) Individual reactions to community disaster: the natural history of psychiatric phenomena. American Journal of Psychiatry, 107, 764-769

 

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